estante

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estante

1. s. m. Tabla que se coloca horizontalmente en un mueble o se apoya en la pared para poner cosas el peso de los libros combó el estante. anaquel, balda, repisa
2. Estantería, mueble. anaquelería
3. Amér. Central y Merid. CONSTRUCCIÓN Madero incorruptible que sirve de sostén al armazón de las casas de las ciudades tropicales.

estante

 
adj. Fijo o permanente en un lugar.
Díc. del ganado que pasta en su término jurisdiccional.
Díc. del dueño del ganado.
m. Armario con anaqueles y sin puertas para colocar libros, papeles, etc.
Anaquel.
Cada uno de los cuatro pies derechos que sostienen la armadura de algunas máquinas.

estante

(es'tante)
sustantivo masculino
tabla horizontal que se coloca dentro de un mueble o se fija a la pared un estante para libros
Sinónimos

estante

sustantivo masculino
Traducciones

estante

polička, věšák

estante

boghylde, hylde, stativ

estante

hylly, kirjahylly, teline

estante

polica, polica za knjige

estante

・・・掛け, 本棚, 棚

estante

선반, 책장

estante

prateleira

estante

bokhylla, hylla, ställ

estante

ชั้นวาง, ชั้นวางของ, ชั้นวางหนังสือ

estante

cái giá, giá, giá sách

estante

书架, 架子

estante

шелф

estante

מדף

estante

SM
1. (= anaquel) → shelf
2. (= soporte) → rack, stand; (= estantería) → bookcase
3. (LAm) (= estaca) → prop
Ejemplos ?
Y, visto por este Cabildo, entendido dijeron, que por cuanto este Cabildo tiene teja y estantes prestados a vecinos de esta Ciudad...
Testigos que fueron presentes a los que dichos, el Tesorero Rodrigo Núñez de Bonilla y Nuño de Balderrama; (por) Vecinos de la dicha Ciudad de San Francisco del Quito, y Gonzalo Gómez de Salazar, Vecino de la Ciudad de Loxa y Alonso de Marchena Vecino de la Ciudad de Santiago de Guayaquil y Alonso del Rincón, Pedro Muñoz Fiscal de Su Majestad; estantes en el dicho asiento de Paucarbamba; y Su Merced del dicho Gobernados lo dirmó de su nombre.
Después miró hacia las paredes del pozo y observó que estaban cubiertas de armarios y estantes para libros: aquí y allá vio mapas y cuadros, colgados de clavos.
Cogió, a su paso, un jarro de los estantes. Llevaba una etiqueta que decía: MERMELADA DE NARANJA, pero vio, con desencanto, que estaba vacío.
Y en obedecimiento de los soberanos decretos que anteceden, y para su puntual cumplimiento ordena, y manda se publiquen por bando solemne en esta capital, se fixe en los parages de estilo, se circúle á todas las provincias y pueblos del estado, se imprima al efecto previniendo á todos los estantes y habitantes de esta ciudad que en celebridad de tan feliz inauguración, y del digno objeto á que se contrae: se exprese el júbilo y alegría de los amantes de la libertad con iluminación general por tres días consecutivos, que deberán principiar desde la noche del presente.
Estos se empapelarán con un papel que contenga varios cuadros y figuras análogas. Los estantes estarán todos cubiertos con cristales y sus llaves.
Provisión.- Y mando al Cabildo, Justicia y Regimiento de la Ciudad de Guayaquil, que luego que os presentéis en él con este Título y Provisión, sin aguardar para ello otro mi mandamiento, segunda ni tercera jución / junción, hecho el juramento con la solemnidad que se acostumbra y dando fianzas legas, llanas y abonadas, a contento y satisfacción del dicho Cabildo, que usaréis bien y fielmente el dicho oficio, dando residencia cuando os fuere mandado y ordenado, y de pagar lo juzgado y sentenciado en ella, os hayan, reciban y tengan por tal Corregidor y usen con vos y no con otra persona alguna el dicho oficio, siendo obedecido y respetado de todos los Vecinos y moradores, estantes y habitantes en la dicha Ciudad y su jurisdicción...
Y en obedecimiento de los soberanos decretos que anteceden, y para su puntual cumplimiento ordena y manda se publiquen por bando solenme en esta capital, se fije en los parajes de estilo, se circule á todas las provincias y pueblos del Estado, se imprima al efecto, previniendo á todos los estantes y habitantes de esta ciudad que en celebridad de tan feliz inauguración y del digno objeto á que se contraen se exprese el júbilo y alegría de los amantes de la libertad con iluminación general por tres días consecutivos, que deberán principiar desde la noche del presente.
Había estantes repletos de libros clásicos y de teología, y otra librería con tratados de magia: de Paracelso, Alberto Magno, Tritemius, Ilermes Trismegisto, Boreilus y demás, en extraños caracteres cuyos títulos no fui capaz de descifrar.
Los tomos del Diccionario de Ciencias Médicas, sin abrir, pero cuya encuadernación en rústica había sufrido en todas las ventas sucesivas por las que había pasado, llenaban casi ellos solos los seis estantes de una biblioteca de madera de abeto.
Desde que se abrió la puerta empecé a tranquilizarme. Ya en la antesala vi, cuidadosamente ordenados, en bruñidos estantes, los libros del sabio.
Y después de conquistada así la buena voluntad de doña Tomasa, hace bajar de los estantes los artículos que pide, y otros muchos que no necesita; le llena los ojos con el relumbrón de las piezas de percal y de los pañuelos de seda, la abomba con incesante palabreo, y le hace rebajas, y, galante, le regala un abanico japonés de diez centavos, y otro a Ceferina, y a Concepción un paquetito de caramelos, y apunta, apunta, apunta.