Ejemplos ?
No entendía de estas ingeniosidades la madre Soledad. Nunca una sonrisa alumbró aquella cara trágica, donde el dolor estampaba su sello.
El genio de la Humanidad estaba en el humilde cuarto, e, inclinándose sobre el lecho, estampaba un beso en la frente del muchacho: «Hazte fuerte en la fama y fuerte en las luchas de la vida.
Sus manos le abandonaba La hermosa sin defendellas, Y el conde estampaba en ellas Sus labios con harto ardor, Mientras la luna que huia Y las auras que sonaban Prestaban luz y armonia A aquella escena de amor.
La sorpresa del policial que tímidamente estaba llamando a la ventana: «Señor Espinosa; no se alarme usted, pero se le está quemando la tienda», subió a un extremo indecible, al ver que don Serafín se le colgaba del cuello, lo estrechaba contra su pecho y hasta le estampaba un entusiasta beso en la punta de la nariz.
Mientras Dío Fetente dormía, yo, incorporado en mi yacija, miraba el círculo blanco de luz que por el ojo de buey se estampaba en el muro desde la calle.
En medio de pedruscos la ceniza acurrucó sus espejismos en la grava y su carne de cascajo se hizo estatua, pétrea estatua de un desierto que estampaba a carcajadas, las escorias de sus ruinas, sus escombros...
La Ley (Grupo Wolters Kluwer), nº 153. Marzo-Abril de 2005 Díaz Criado marcaba una X2 a los que debían morir y estampaba su firma.
La empresa fue muy importante en el tejido de la resistencia antifranquista, produciendo diversos materiales y folletos vinculados a grupos comunistas y galleguistas, así como diversos libros en gallego. En los locales de la imprenta se conserva la minerva con la que se estampaba en Orense el periódico agrarista La Zarpa.
Chapelain tradujo las dos partes de la novela al francés y las publicó en París en 1620; dos años después se estampaba en Londres la versión inglesa de James Mabbe que, en un prólogo extraordinario, dice del pícaro Guzmán que era «semejante al navío, que anda dando bordes en la ribera, y nunca acaba de tomar puerto».
Poco después se estampaba el número de grabación en la tapa superior, y más tarde se imprimían el título y el artista de la grabación sobre la etiqueta de la tapa.
Fueron años difíciles y de apuros económicos, con un almacén de piezas sin vender, aunque hubo un cierto movimiento gracias a los encargos recibidos desde La Coruña, Ferrol, Rías Bajas, Vizcaya y Castilla. En esta época todavía no se estampaba la corona real en las marcas, aunque a la fábrica se la empieza a llamar Real Fábrica.
Del mismo modo, se les estampaba una L (limitación de ingreso) en el pasaporte cuando iban a renovar a los respectivos consulados.