estafeta

estafeta

(Del ital. staffetta < staffa, estribo.)
1. s. f. Oficina de correos iré a la estafeta a comprar sellos.
2. Correo especial para el servicio diplomático.

estafeta

 
f. Correo ordinario que iba de un lugar a otro.
Casa y oficina de correo.
Correo especial para el servicio diplomático.

estafeta

(esta'feta)
sustantivo femenino
oficina de correos trabajar en una estafeta postal
Traducciones

estafeta

courier, post

estafeta

A. SF
1. (= oficina) (tb estafeta de Correos) → sub post office
2. (= correo) → post
estafeta diplomáticadiplomatic post
B. SMFcourier (LAm) [de drogas] → drug courier, drug runner
Ejemplos ?
Acaso no hay una continuidad en los afanes del conocimiento. ¿Nadie posee una maravillosa estafeta que transmitir? ¿Será que los maestros se han conformado con ser meros profesores y actualmente se preparan de modo muy eficaz para constituirse en conductores, como choferes de un autobús repleto de masas, donde el discipulado no tenga razón de ser?
-El pleito, sin novedad.» A los quince días de echada esta carta en la estafeta del lugar, recibió el solariego esta otra en rico papel con cantos dorados: «Mi querido Silvestre: Ego sum, amigo mío; yo soy el que buscas, el que estudió contigo en la villa, el que te debe dos reales y medio y unos tirantes de goma.
Que se procure que los tributos que se impusieren a los impuestos sean de calidad que no obliguen a exacciones y cobranzas, de que se sigue la ruina de los reinos, sino que sean de la calidad de las cartas de estafeta o de las bulas.
los que dirigen a los pueblos limítrofes, de herradura y en mal estado por la escabrosidad del terreno. Se recibe y despacha en la estafeta de Cogolludo por cualquier vecino de los que concurren al mercado.
Con todo eso, estuve sin ver a doña Eufrasia hasta otro día, no dándome por entendida, y fingiendo precisa ocupación con la estafeta de mi tierra; hasta que doña Eufrasia, que hasta entonces no había tenido lugar asistiendo a su hermano, le dejó reposando y pasó a mi aposento, dándome muchas quejas de mi descuido y sospechosa amistad, de que me disculpé, haciéndome de nuevas y muy pesarosa de su disgusto.
Y cuando en la puerta de un afanoso lector aparece la algarabía de los poemas que un joven poeta reparte generoso, la fe en la poesía, única altivez que nos queda, revive; se renutre y el corazón atisbando deleites para el espíritu se engrandece de satisfacción; en medio de los pleitos mezquinos por canonjías o sueldos de hambre que no sacian la sed del consumo y sus trampas, subsiste la estafeta recobrada del arte de la palabra hecha versos.
Esta última tendrá además una Administración-Depositaria, una oficina auxiliar de Obras Públicas, una Administración de Correos en Santa Cruz de La Palma y una estafeta de Correos en Los Llanos.
Y asiéndome del brazo, dijo: -Oíd acá, y pues habéis venido por estafeta de los muertos a los vivos, cuando vais allá decildes que me tienen muy enfadado todos juntos.
Y cuenta que tal es el fruto que va dando el género, que puede llamarse postal sin miedo de equivocarse; pues no cabiendo por su tamaño y atenciones que exige una simple estafeta o cartería, no está lejos el día en que el Gobierno, mirando el asunto con el interés que reclama, los someta a un tratado con los autores que defraudan la renta de la Hacienda injiriendo entre las noticias políticas de un periódico los asuntos de gabinete y hasta de fregadero, que siempre han sido patrimonio de los hurones y consumidores de los sellos de franqueo.
Al ser humano no se le puede dirigir por medio de “clics” amaestradores, y si bien en los más animalizados, o alienados, puede funcionar, siempre aparece, al menos uno, que retoma la estafeta del perfeccionamiento humanístico y logra los saltos cualitativos en una dialéctica implacable, no determinista, sino lógica.
Aquellas publicaciones del padre Cappa nos aiTíincaron, pues, las mismas murmuraciones que su Estafeta dci Cielo, superchería que consiste en escribir carlitas ni sanio de nuestra devoción, echar la esquela en los buzones í uc, al electo, tienen los reverendos, y esperar la respuesta.
Él era el último hombre ciego sobre la faz de la tierra, uno nada más, y se sentía en la obligación de extender la estafeta de la elección a sus súbditos, ahora rivales.