esplendor

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esplendor

(Del lat. splendor.)
1. s. m. Brillo intenso o luz muy clara que despiden ciertos cuerpos contemplamos el esplendor de las estrellas. lustre, resplandor
2. Situación de máximo nivel en el desarrollo, la riqueza, la belleza o el poder al que puede llegar una persona o una cosa el verano se encuentra en su máximo esplendor. apogeo, auge
3. Circunstancia de ser una cosa espléndida, bella o lujosa el esplendor de la fiesta deslumbró a los invitados. grandeza

esplendor

 
m. Resplandor.
fig.Lustre, nobleza.
Auge.

esplendor

(esplen'doɾ)
sustantivo masculino
1. humildad cualidad de aquello que destaca por ser extraordinario Se maravilla por el esplendor de la riqueza.
2. máximo grado de desarrollo o perfección el esplendor de un imperio
3. luz que emite un cuerpo esplendor solar
Sinónimos

esplendor

Traducciones

esplendor

esplendor

esplendor

Glanz

esplendor

splendeur

esplendor

العز

esplendor

pragt

esplendor

SM
1. (= magnificencia) → splendour, splendor (EEUU), magnificence
2. (= resplandor) → brilliance, radiance
Ejemplos ?
-preguntole la señora Rosario la Lechuguina, una de las más caracterizadas ex buenas mozas del barrio, hembra que apenas si conservaba ya huellas visibles de sus pasados esplendores.
Ensanchándose luego todavía más el campo de acción misionera, cuando Guillermo de Rubruquis iluminó con los esplendores de la fe la Mongolia y el B.
Cuando, por fin, he llegado a los esplendores de Cristo y he contemplado la luz resplandeciente del claro sol, no puedo ver la luz de la linterna.
Alejose de todas las ceremonias solemnes; cobró aversión a los esplendores que irradiaba por todas partes la fortuna fraternal y se sepultó en su retiro.
Hacia el año 1854 — que es donde en lo soterraño se inicia la Restauración — comienzan a apagarse sobre este haz triste de España los esplendores de aquel incendio de energías; los dinamismos van viniendo luego a tierra como proyectiles que han cumplido su parábola; la vida española se repliega sobre sí misma, se hace hueco de sí misma.
Cordero de Dios, quita los pecados del mundo, y dales el descanso siempre eterno a mis maestros y a esa casa del ayer enladrillado, levantada para darse en esplendores a los deseosos de saber, -verdaderos amorosos- hoy mancillada, vuélvela símbolo incesante -doliente- de la ignominia burocrática.
Hacia el año 1854 — que es donde en lo soterraño se inicia la Restauración — comienzan a apagarse sobre este haz triste de España los esplendores de ese incendio de energías; los dinamismos van viniendo luego a tierra como proyectiles que han cumplido su parábola; la vida española se repliega sobre sí misma, se hace hueco de sí misma.
Los campos de Madrid ya cielos bellos y los cielos del sol campos hermosos eran con los opuestos resplandores; porque asistiendo o cultivando en ellos, ya labrador, ya espíritus dichosos, campos de estrellas son, cielo de flores: vestida de esplendores acredita la tierra al sol desmayos, que paga el sol en rayos a la tierra; y en luminosa guerra, espigas compitieron a sus rayos, porque el cielo y la tierra en sus fatigas mieses de rayos son, globos de espigas.
Los niños recibían una educación militar; para mantenerse superiores sobre sus esclavos y vecinos, los griegos formaban soldados desde la cuna, sanos de cuerpo, pero mutilados de espíritu pues el intelecto griego, brillante en algunas facetas, permaneció oscuro en muchas, a pesar de las exageradas alabanzas que se hacen de la cultura ateniense; matando a los niños raquíticos y deformes, ejercitando a los otros en la lucha, en la carrera, en toda suerte de juegos corporales, hicieron buenos guerreros de cuerpos ágiles, de formas bellas y gallardas; pero con la disciplina detuvieron el desarrollo intelectual de la raza, que de otra manera habría alcanzado alturas y esplendores mayores.
Allí, en medio de los esplendores de la ceremonia oficial, de los uniformes, de las vestiduras episcopales, de los cirios, de los cánticos, el hombre era una aparición de la Edad Media, y de un salto -así debía ser en tal lugar- desaparecían seis o siete siglos, y estábamos en el tiempo en que largas procesiones de gente venida de los últimos confines del mundo llenaban las calles de la ciudad romántica, y se engolfaban en la basílica, cantando himnos cuya verdadera traducción no se ha encontrado.
Don Juan se levantó haciendo a sus invitados un gesto que bien podría traducirse pur un: «Lo siento, esto no pasa todos los días.» ¿Acaso la muerte de un padre no sorprende a menudo a los jóvenes en medio de los esplendores de la vida, en el seno de las locas ideas de una orgía?
¡Ah! Recuerda a qué raza perteneces, no desdeñes por frívola vanidad y por mentidos esplendores, el verdadero tesoro de tu dignidad.