escudriñadora

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escudriñadora

scrutatrice, scruticatrice
Ejemplos ?
¡Fuera buey!», cien veces repetido, las apuran de golpe para que no puedan tener ya tiempo de volverse al rodeo. El comprador y el vendedor envuelven la hacienda cortada en la misma ojeada escudriñadora.
Asomaba una aurora gris-cenicienta, pues el sol era importante para romper la densa valla de nubes tormentosas, cuando una mujer salía arrastrándose sobre manos y rodillas del matorral vecino; y ya en su borde, que trepó con esfuerzo, se detenía sin duda a cobrar alientos, arrojando una mirada escudriñadora por aquellos sitios desolados.
-Es lo mismo -respondió Broqua, mirándola a su vez con una sonrisa que hubiera sido de la más ridícula ironía, si no fuera de la más indiferente naturalidad. Su eminente colega le lanzó una fría y rápida mirada escudriñadora.
-Es el viento, que azota los palmares -responde el caudillo, lanzando, a pesar suyo, una mirada escudriñadora a través de los añosísimos troncos de aloes que bordan las lindes del sendero.
Nuestros ojos giraban como bolas y se abrían como platos investigando su provecho, y en cuanto distinguíamos lo apetecido, allí estábamos sonrientes, despreocupados y dicharacheros, los dedos prontos y la mirada bien escudriñadora, para no dar golpe en falso como rateros de tres al cuarto.
Ágil y recio de miembros, su larga edad no le estorba para caminar, y apenas sobre su bastón se apoya. Cana la barba y crecida, talante y faz majestuosa, vaga sonrisa en los labios, mirada escudriñadora.
Pero una fría y escudriñadora mirada que dirigió en torno suyo les hizo creer lo primero, y el hidalgo prosiguió, mientras un silencio sepulcral se había vuelto a extender en torno: -Tan pronto como vi que lo que me atormentaba era una cosa tan pequeña, la arranqué de un golpe, volví a cerrar el corazón y me dormí tranquilo aquella noche.
¡Ah Zeus, es a lo, ¡oh! que persigue esta escudriñadora ira de los dioses. Demasiado conozco el triunfo de una mujer sobre todo el cielo.
Tan débil y tan opaca Que apenas no se coloran Las ricas alegorias Con que los vidrios se adornan. Mas al exámen prolijo De vista escudriñadora Se alcanza que en este instante Quien vive alli no reposa.
¡Qué cruel tortura era para mí estar allí sentado en la misma actitud horas y horas, sin atreverme a mover un brazo ni una pierna, para que miss Murdstone no pudiera quejarse, como lo hacía con cualquier pretexto, de mi movilidad, y tampoco me atrevía a levantar la vista, por temor de encontrarme con alguna mirada de desagrado o escudriñadora que buscase en mis ojos nuevas causas de queja!
El extranjero que pasa por la calle del Milagro se detiene involuntariamente en su puerta y lanza al interior mirada escudriñadora.
Miraba por las ventanillas, con esa atención, rápidamente escudriñadora, del hombre acostumbrado a extender la vista en dilatados horizontes, anotando sin pensar, en su memoria, por ese solo instinto que da el desierto, y comparando entre sí, los mínimos detalles de los campos que atravesaba: la posición y la forma de un rancho, de un monte, de una laguna.