Ejemplos ?
La otra soy yo, transferida de espacio, pues he escuchado por las noches sus palabras amorosas, su aliento febril y los quejidos gozosos de su eyaculación.
-Pero mi coronel.-interrumpió apresurado el capitán Aguilar- ¿Acaso no ha escuchado los rugidos que se oyen cada vez más próximos por las noches?
Tenía la brillantez del águila en los altos vuelos de su fantasía y por eso se llamaba así: CUAUHTLATOATZIN Muchos jóvenes que estudiaban en el CALMECAC, la escuela donde todos se unen para meditar y crear, como amarrados disciplinadamente por un mecate, lo tenían por maestro, puesto que desde niños lo habían escuchado hablar tan admirablemente que a pesar de haber crecido, aún solían acudir en sus horas libres a escucharlo en el CUICACALLI, la casa de los cantos y los cuentos.
Luego, al saber el nombre de la autora, María Enriqueta, me pareció como si ya la hubiera escuchado con anterioridad y tuve la dicha de conocerla y escuchar su nostálgica charla.
(Vigésimo tercero) Después, con su preceptor, recapitulaba brevemente, a la manera de los antiguos pitagóricos, cuanto había leído, aprendido, hecho y escuchado durante todo el día.
Hemos escuchado los relatos de los que sufren, hemos oído a las víctimas de la injusticia y a quienes anhelan conseguir la dignidad y la igualdad.
l Consejo de Seguridad, Habiendo escuchado la declaración del Ministro de Relaciones Exteriores del Gobierno de la República de Chipre...
Y después de que hayamos, escuchado a los dos, cederemos si sus razones son buenas y si no; sostendremos nuestro principio con todas nuestras fuerzas.
Recordó su sana juventud en el bosque, la alegre Nochebuena y los ratoncillos que tan a gusto habían escuchado el cuento de Klumpe-Dumpe.
on las 17:40 horas del día lunes, en unos instantes más voy a recibir las cartas credencias de nuevos embajadores en la República Argentina, un día más de gestión de gobierno pero evidentemente un día diferente en mi vida, que como todos saben cambió en forma definitiva. He leído o escuchado que este es mi momento más difícil, en realidad es otra cosa, es mi momento más doloroso.
Cuando hubimos escuchado estas objeciones, nos enfadamos mucho, como en seguida lo confesamos, de que después de haber estado tan bien persuadidos por los razonamientos anteriores, vinieran éstos a perturbarnos con sus dificultades y a sembrar en nosotros la desconfianza, no sólo de todo lo que se había dicho, sino además de todo lo que en el porvenir pudiéramos decir, puesto que creeríamos siempre que no seríamos buenos jueces en estas materias o que estas serían por sí mismas poco susceptibles de ser conocidas.
Un gran vestido de seda flexible y azulada, combinado con unas pequeñas sandalias de zafiros, hacía de aquella aparición una visión extraída de los cuentos nórdicos maravillosos que había escuchado cuando niño.