escondite

(redireccionado de escondites)
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escondite

1. s. m. Sitio adecuado para esconderse o esconder cosas encontraron un escondite ideal para guardar la bolsa con el dinero. escondrijo, escondedero
2. JUEGOS Juego infantil en que un niño o una niña busca a otros que se esconden se pasaban horas jugando al escondite.

escondite

 
m. Escondrijo.
Juego de muchachos en el que unos se esconden y otros los buscan.

escondite

(eskon'dite)
sustantivo masculino
1. lugar retirado o secreto en que se oculta algo o alguien Descubrieron el escondite de los malhechores.
2. juego de niños consistente en ocultarse para que alguien los busque jugar al escondite
Sinónimos

escondite

sustantivo masculino
2 ori.
En Madrid y otras partes, ori.

escondite:

refugioescondrijo,
Traducciones

escondite

cache-cache

escondite

hra na schovávanou

escondite

gemmeleg

escondite

κρυφτό

escondite

piiloleikki

escondite

igra skrivača

escondite

隠れん坊

escondite

숨바꼭질

escondite

verstoppertje

escondite

gjemsel

escondite

прятки

escondite

kurragömma

escondite

การเล่นซ่อนหา

escondite

saklambaç

escondite

trò chơi trốn tìm

escondite

捉迷藏

escondite

SM
1. (= escondrijo) → hiding place (Caza, Orn) → hide, blind (EEUU)
2. (= juego) → hide-and-seek
jugar al escondite con algn (lit, fig) → to play hide-and-seek with sb
Ejemplos ?
En el hospital militar, por ejemplo, cinco soldados mexicanos enfermos salen de sus camas como a las 11 de las noche, van al jardín por los rifles que ahí esconden, trepan al techo y disparan sus armas a los soldados “gringos”. Después vuelven a poner los rifles en sus escondites y ellos regresan a sus camas.
Decíase que pocos días antes, mediante falsas cartas de recomendación, se había captado las más vivas simpatías de Milon, engañado por las trazas de tan honrado ciudadano; que se había alojado en la casa y era tratado como amigo íntimo; que pasó allí varios días, y que, enamorado de la criada, a la que fingió eterno amor, había examinado minuciosamente todos los cerrojos y tenía hecho exacto inventario de los escondites donde Milon acostumbraba guardar sus tesoros.
Entonces el buen amor hizo su acostumbrado milagro. La negrilla miró un instante los árboles que aclarados también de luna no servían para escondites.
Bajé a las bodegas, subí a los desvanes, me encerré en los escondites del lagar y de la almazara, me enterré en los pajares, pues prefiriera convertirme en la piedra del suelo, deshacerme en la ceniza del hogar, evaporarme en el humo de la chimenea, a dejar aquellos sitios, ungidos con tantas lágrimas y consagrados con tantos recuerdos.
Ahora bien, el buen hombre sabía perfectamente, como todo el mundo sabe en las montañas, que la custodia de los tesoros sepultados está encargado a las serpientes que llevan al cuello, como señal de su misión, un anillo de oro que ella suelen colocar con mucho cuidado sobre el borde de las fuentes, cuando vienen allí a quitarse la sed y tienen miedo de dejarlos caer; él no puedo dudar que ellas fueran las encargadas de velar por las riquezas escondidas bajo los escombros de Routisses. Pero lo difícil era descubrir sus escondites.
Allí, mares vastos divisando, lagrimantes los ojos, a su patria se dirigió, afligida, de este modo, con la voz, tristemente: “Patria, oh, mi creadora, patria, oh, mi engendradora, 50 yo cuán desgraciado te he abandonado, como a sus dueños los huidores sirvientes suelen, y del Ida a los bosques llevé mi pie, para, cabe la nieve y de las fieras las heladas guaridas, estar, y de ellas en todos los escondites entrar, furibunda.
Entre tanto, había que ocultar la pólvora. Muchos escondites fueron propuestos y desechados. Ninguno les parecía suficientemente seguro para tal tesoro.
Con unas cajas de cartón inventan ciuda-des o escondites y probablemente con un palo de escoba o una simple madera, o un trapo común, hacen las cosas que a veces haces tú.
Pero cuando más feliz eres, es cuando encuentras con quienes compartir, confrontar, resolver, las alegrías encantadas de tus correteos, de tus escondites, de tus juegos.
En efecto, en cuanto Plotina percibió ruido en la puerta, saltó animosamente en mitad de la habitación y todo lo puso en alboroto con sus repetidos gritos, despertando a los soldados, llamando a los criados por sus nombres y pidiendo socorro a los vecinos. Y sin el miedo de todos ellos, que no se atrevían a salir de sus escondites, no nos hubiéramos retirado impunemente.
En suma, aquella herencia importaba cinco millones de pesos. Entre los papeles que había en los escondites fueron vistas y conservadas con respeto dos cartas de Cerdera el opulento.
Repartidas por ella había islas, remotos escondites donde los barcos podían ser aprovisionados y cargados con los frutos del pillaje para satisfacer toda clase de lujos y necesidades.