escila


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escila

(Del lat. scincus < gr. skigkos.)
s. f. BOTÁNICA Cebolla albarrana, planta.
Traducciones

escila

Szylla

escila

canocchia

Escila

SFScylla
Escila y CaribdisScylla and Charybdis
Ejemplos ?
459-535 - Ceneo (II) 12.536-579 - Periclímeno 12.580-628 - Muerte de Aquiles 13.1-398 - Las armas de Aquiles 13.399-575 - La caída de Troya 13.576-622 - Memnón 13.623-642 - El peregrinaje de Eneas (I): la partida de Troya 13.643-674 - La hija de Anio 13.675-704 - Coronas 13.705-729 - El peregrinaje de Eneas (II): Sicilia 13.730-739 - Escila (I) 13.740-897 - Galatea...
En parte por el nombre y en parte por diferentes circunstancias que se relacionaban con el lugar, éste tenía para los ojos de mis compañeros y los míos, quizá porque íbamos por allí cuando faltábamos a la escuela, un aspecto más terrorífico que el que presentaba Escila y Caribdis de los tiempos de Maricastaña.
¿Qué leona a ti te engendró bajo una sola peña, qué mar, concebido, a las espumantes ondas te escupió, 155 qué Sirte, qué Escila rapaz, qué vasta Caribdis, quien tales premios devuelves por la dulce vida?
El primer descanso había llegado, en el cual, de sus ansias diurnas cansados, los pechos el sueño tiene: en los tálamos paternos taciturna entra y –ay, mala acción–, su hija al padre suyo 85 del cabello de sus hados despoja, y de esa presa nefanda apoderada, lleva consigo el despojo de su abominación y saliendo de su puerta, por mitad de los enemigos –en su mérito confianza tan grande tiene– llega hasta el rey, al que así se dirigió, asustado: “Me persuadió el amor de la acción: prole yo, regia, de Niso, 90 Escila, a ti te entrego los de mi patria y mis penates.
De seguro yo no sufriré que a Creta, de Júpiter la cuna, que mi mundo es, tan gran monstruo le toque.” 100 Dijo y, cuando sus leyes a los cautivos enemigos, justísimo autor de ellas, hubo impuesto, que las amarras de su armada soltadas fueran ordenó, y las broncíneas popas empujadas a remo. Escila, después que al estrecho bajadas nadar las quillas, y que no le aprestaba ese general los premios a ella de su crimen, vio, 105 consumidas las súplicas, a una violenta ira pasó y tendiendo sus manos, furibunda, esparcidos sus cabellos: “¿A dónde huyes”, exclama, “a la autora de estos méritos abandonando, oh, antepuesto a la patria mía, antepuesto a mi padre?
Otros os cuenten las batallas de los vientos, los mares que infestan Escila y Caribdis, y las violentas acometidas de las rocas que dominan los montes Ceraunios, en qué puntos se ocultan las Sirtes y en qué sitio el promontorio de Malea, que otros os lo refieran, y prestad crédito a sus relatos; ninguna tempestad amenaza al que los cree.
Cuánta sea de las hierbas, Titania, el poder, para nadie que para mí más conocido, quien he sido mutado por ellas, 15 y para que no conocida no sea para ti la causa del delirio mío: en un litoral de Italia, de las mesenias murallas en contra, a Escila vi.
Entonces, aunque estremecido de frío escalase los ventisqueros de los Alpes, me parecería delicioso el viaje yendo con mi amada; con ella osaría atravesar las Sirtes de Libia y desplegar las velas al Noto enemigo; no me asustarían los perros portentosos que ladran en las caderas de la virginal Escila, ni los pérfidos golfos de la costa de Malea, ni las olas que vomita y sorbe por la boca Caribdis, hinchada con las naves que devora.
Con él dirás el origen del bosque Grineo, para que no haya así ninguno de que más se precie Apolo." ¡Diré que canto a Escila, hija de Niso, de quien es fama que rodeaban su blanco vientre monstruos labradores, que fatigó las naves de Ulises, y en el profundo abismo hizo que despedazasen, ¡ay!, los perros marinos a sus trémulos nautas, y que canto también los miembros transformados de Tereo?
200 Habéis arrostrado la rabia de Escila y sus escollos, que resuenan profundamente; habéis probado también las rocas de los Cíclopes; recobrad el ánimo y deponed el triste miedo; acaso algún día nos será grato recordar estas cosas.
A la que tal intentaba: “Antes –dice– en la superficie frondas –Glauco–, y en los supremos montes nacerán algas, que en vida de Escila se muten nuestros amores.” Se indignó la diosa, y por cuanto dañarle a él mismo 40 no podía –ni quería, amándole–, se encona con la que a ella habíase antepuesto, y de su Venus por el rechazo ofendida en seguida infames pastos de horrendos jugos juntos maja, y triturados hecateios encantos les mezcla y de azules velos se viste y a través de su tropel 45 de fieras aduladoras sale de mitad de su aula y dirigiéndose, opuesto contra las rocas de Zancle, hacia Regio, entra en el bullir de las hirvientes olas, en las cuales como en sólida tierra pone sus huellas y recorre sobre lo alto las superficies a pies secos.
Señorease del diestro lado Escila, y del izquierdo la implacable Caribdis; esta se sorbe tres veces las vastas olas precipitadas en su profundo báratro, y tres veces las vuelve a arrojar a lo alto, batiendo con ellas el firmamento, mientras que Escila encerrada en las negras cavidades de una caverna, saca la cabeza por ella y arrastra las naves hacia sus peñascos.