erizo


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erizo

(Del lat. ericius.)
1. s. m. ZOOLOGÍA Mamífero insectívoro, de cuerpo rechoncho cubierto de espinas, hocico alargado y orejas pequeñas que cuando se siente amenazado se enrolla sobre sí mismo presentando las púas a su agresor.
2. coloquial, despectivo Persona arisca, de mal carácter o intratable.
3. BOTÁNICA Vaina o envoltura espinosa que protege la castaña y otras semillas.
4. CONSTRUCCIÓN Defensa con puntas de hierro que protegen y defienden la parte alta de murallas, parapetos y tapias.
5. erizo de mar o marino ZOOLOGÍA Equinodermo globoso, protegido por un caparazón lleno de espinas, que vive en el mar entre rocas y fondos duros.
NOTA: Nombre científico: (Diodon hystrix.)

erizo

 
m. zool. Nombre común de varias especies de mamíferos insectívoros del género Erinaceus, de forma rechoncha con el dorso cubierto de púas y que pueden arrollarse en bola.
erizo de mar Nombre común de los equinodermos de la clase equinoideos de forma globosa, recubiertos de placas calcáreas y espinas.
fig.Persona de carácter áspero.
mil. Conjunto de púas de hierro que corona y defiende lo alto de un parapeto o muralla.

erizo

(e'ɾiθo)
sustantivo masculino
1. zoología mamífero pequeño que tiene púas para su protección El erizo cuando es amenazado se enrolla sobre sí mismo.
2. botánica cubierta espinosa de algunos frutos quitar el erizo a unas castañas
3. persona de trato difícil y áspero Te comportas como un erizo.
Traducciones

erizo

Igel

erizo

ёж, еж

erizo

riccio

erizo

ježek

erizo

pindsvin

erizo

siili

erizo

jež

erizo

ハリネズミ

erizo

고슴도치

erizo

egel

erizo

jeż

erizo

ouriço

erizo

igelkott

erizo

เม่น

erizo

kirpi

erizo

con nhím

erizo

刺猬

erizo

SM
1. (Zool) → hedgehog
erizo de mar, erizo marinosea urchin
2. (Bot) → burr
3. (= persona) → grumpy sort, prickly person
Ejemplos ?
Mi mayor gusto hubiera sido casarlo, a ver si el matrimonio lo amansaba y domesticaba y yo le debía, lateralmente, más dilatadas esperanzas de sucesión para mi título de Marqués: pero ni Jorge puede enamorarse, ni lo confesaría aunque se enamorara, ni ninguna mujer podría vivir con semejante erizo.
Estoy seguro de que cuando esté aquí por la noche (¿y dónde iría a vivir, os pregunto, sea cual sea la fortuna que me llegue?), cuando ella no esté aquí o no esté yo en su casa, pondré la luz en la ventana y me sentaré al lado del fuego haciendo como que la estoy esperando como ahora. Así soy un niño -dijo míster Peggotty con una nueva carcajada- bajo la forma de un erizo de mar.
Por último, creí darme cuenta de que, a pesar de toda mi resolución, y aunque me había vuelto un erizo, un verdadero puercoespín, no había adelantado nada, y pensé que quizá el espíritu de Dora estaba formado del todo ya.
Cercado es, cuando más capaz más lleno, De la fruta, el zurrón, casi abortada, Que el tardo otoño deja al blando seno De la piadosa yerba encomendada: La serva, a quien le da rugas el heno; La pera, a quien le da cuna dorada La rubia paja y -pálida turora- La niega avara y pródiga la dora. Erizo es, el zurrón, de la castaña; Y -entre el membrillo o verde o datilado- De la manzana hipócrita, que engaña, A lo pálido no, a lo arrebolado, Y de la encina honor de la montaña, Que pabellón al siglo fue dorado, El tributo, alimento, aunque grosero, Del mejor mundo, del candor primero.
El sol brillaba en el cielo, el aire de la mañana ponía en movimiento los trigos, las alondras cantaban volando, las abejas zumbaban en el alforfón, las personas iban a la iglesia con el vestido del domingo y todo el mundo se alegraba y también el erizo.
Era nervudo, cuadrado, velloso como una fiera, la cara cobriza, con rudas protuberancias y profundos surcos, los ojos sanguinolentos y la nariz aplastada, granujienta, veteada de azul, con manojos de cerdas, que asomaban como tentáculos de un erizo que dentro de su cráneo ocupase el lugar del cerebro.
Logró dominar al pajarraco metiéndoselo debajo del brazo, con las patas colgando detrás, pero casi siempre, cuando había logrado enderezarle el largo cuello y estaba a punto de darle un buen golpe al erizo con la cabeza del flamenco, éste torcía el cuello y la miraba derechamente a los ojos con tanta extrañeza, que Alicia no podía contener la risa.
El erizo estaba delante de su puerta, tenía los brazos cruzados, miraba pasar el tiempo y cantaba un cantarcillo, ni más ni menos que como lo canta un erizo en una hermosa mañana de domingo.
Y cuando le había vuelto a bajar la cabeza y estaba dispuesta a empezar de nuevo, era muy irritante descubrir que el erizo se había desenroscado y se alejaba arrastrándose.
Maupassant que ganó la borla de doctor en abracadabra, pues vio una noche con el Horla de Satán la pata de cabra, sobre aquel docto cenotafio dejó esa adelfa de amargor. ¡Fue un donoso y bello epitafio al viejo erizo de Francfort!
Por si todo esto no bastara, siempre había un montículo o un surco en la dirección en que ella quería lanzar al erizo, y, como además los soldados doblados en forma de aro no paraban de incorporarse y largarse a otros puntos del campo, Alicia llegó pronto a la conclusión de que se trataba de una partida realmente difícil.
Dicho y hecho. El erizo cerró la puerta detrás de sí y se puso en camino. Apenas se hallaba fuera de la casa e iba precisamente a pasar por delante de una zarza, que se hallaba junto al campo donde crecen los nabos, cuando encontró a la liebre que había salido con una intención semejante, para ir a visitar sus berzas.