eremita


También se encuentra en: Sinónimos.

eremita

(Del lat. eremita < gr. eremites < eremos, desierto.)
s. m. y f. RELIGIÓN Ermitaño, el que vive en una ermita o en soledad y se dedica a la oración y a la penitencia.

eremita

 
m. Ermitaño, esp. el de los primeros tiempos del cristianismo.
Sinónimos

eremita

sustantivo masculino
Traducciones

eremita

Eremit

eremita

eremita

eremita

SM (= ermitaño) → hermit; (= solitario) → recluse
Ejemplos ?
Es el hombre quien despierta nuestra cu- riosidad ¿Quién fué ese Gregorio López, colombroño del afamado jurista comentador de las Partidas f ¿Fué, realmente, como muchos opinan, un hombre nacido para ser monarca legítimo de España y de las Indias, y que prefirió á tan humana grandeza la existencia del sabio y del eremita, alcanzando á morir, en América, en olor de santidad?
En tan angustiosa situación, los vecinos se repartieron entre si las piezas de la armadura, que acaso por centésima vez se encontraba en sus manos, y rogaron al piadoso eremita que un día los iluminó con sus consejos decidiera lo que debí hacerse con ella.
No había sido aún la huida extensa, cuando topó en un valle un eremita de largas barbas, gesto circunspecto, devoto y venerable en el aspecto.
Q.-Aunque no me es desconocido el juego del tenedor en las mesas de los reyes, he gustado con más frecuencia la colación del pobre. Desde la baya del eremita al pan del trabajador, duro e ingrato como la gleba, mi paladar conoce bien el sabor de las Cuaresmas.
Pero cuando llegó a los bosques se halló de repente ante él un anciano que había abandonado su santa cabaña para buscar raíces en el bosque Hacia el final de la obra el papa jubilado vendrá en busca de este anciano eremita y encontrará que ha muerto; véase, en la cuarta parte, Jubilado .
Para el eremita el amigo es siempre el tercero: el tercero es el corcho que impide que el diálogo de los dos se hunda en la profundidad.
Llegó, por donde el duque lo traía, do el Nilo a aquel canal sirve de nido; y, antes que a la junta se llegara, bajel veloz descubre que lo encara. En su popa navega un eremita de blanca barba hasta mitad del pecho que a ir sobre el leño al paladín invita.
¡Este viejo santo no ha oído todavía nada en su bosque de que Dios ha muerto !« La idea de la muerte de Dios, que recorre la obra entera, y su ignorancia por parte del santo eremita, será tema de conversación entre Zaratustra y el papa jubilado cuando ambos hablen del eremita ya fallecido.
Mal lugar es éste para hambrientos«, dijo; »por eso habito yo aquí. Animales y hombres acuden a mí, el eremita. Mas da de comer y de beber también a tu compañero, él está más cansado que tú.« Zaratustra respondió: »Mi compañero está muerto, difícilmente le persuadiré para ello.« »Eso a mí no me importa«, dijo el viejo con hosquedad: »quien llama a mi casa debe tomar también lo que le ofrezco.
Sentado en uno de estos norays de hierro donde se amarran los vapores y que llevan impresa en relieve la marca de fábrica, yo me estaría unos cuantos siglos, como dicen que oyendo a un jilguero se estuvo cierto santo eremita.
La verdadera lucha es con el duende. Se saben los caminos para buscar a Dios, desde el modo bárbaro del eremita al modo sutil del místico.
Hemos ofrecido albergue y corazón a ese huésped: ahora habita en nosotros, – ¡puede quedarse lo mucho que quiera!« Así habló Zaratustra. = »Uno siempre a mi alrededor es demasiado« – así piensa el eremita.