epígonos

epígonos

 
m. pl. mit. Nombre que se da, en mitología griega, a los hijos de los siete héroes que perecieron en el sitio de Tebas.
Ejemplos ?
Los demás… magnos poetas, o que se creen, no me interesan, ya son los personajes de la encuesta donde dictan los modos de escribir al día y los decálogos narcisos de su alter mismo generando títeres epígonos de un libro.
El “espíritu fáustico” desmesura el yo hasta engreírse en un Byron heroico, en un Tenorio edípico, en un Rimbaud caprichoso o aterrarse, ya en el siglo XX, en un Hitler y dictadores epígonos.
ch) Las investigaciones de la nueva ciencia de la mente inauguradas por Jerome Bruner y otros investigadores más recientes, como Frank Smith o Keneth Goodman o sus epígonos hispanoamericanos.
Así, la estridencia de sus cuatro volúmenes, más de tres mil páginas, millones de palabras, desmesuran por vez primera la literaturidad no sólo mexicana o hispanoamericana, sino mundial; reinvindicación femenina del poder sherezadesco sobre Proust, Joyce o aquellos gigantescos novelones del realismo o del naturalismo y sus cientos de novelas epígonos de autores bumberos de cocteles técnicos; quien tiene que narrar no necesita trampas ni artificios.
Su obra se manifiesta en breves poemas, apenas capullos esbozados a partir del temblor de los sentidos. No son, por supuesto, ni los poemínimos de Huerta ni los hai ku de un Tablada y sus epígonos.
Si no, lo constatan las obras engendradas o impulsadas en tal conmoción estridentista por dar a la literatura mexicana vientos de siglo veinte: José Juan Tablada, Ramón López Velarde, Carlos Pellicer, José Gorostiza, Xavier Villaurrutia, Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, Octavio Paz y sus epígonos.
ch) Las investigaciones de la nueva ciencia de la mente inauguradas por Jerome Bruner y otros investigadores más recientes, como Frank Smith o Keneth Goodman o sus epígonos.
Esta Generación posdesencanto tiene dos vertientes principales y claramente diferenciadas entre sí: La de los epígonos de la anterior Generación del desencanto que, como los autores del Desencanto, son narradores que cuentan historias originadas casi exclusivamente en el medio urbano, íntimas o psicológicas, con el uso de recursos vanguardistas como rupturas en la linealidad del relato, monólogo interior, etcétera.
Entre estos epígonos destacan, por su trabajo de exacto manejo del idioma, Raúl Vallejo (1959), Aminta Buenaño (1958), Pablo Yepez Maldonado (1958) o Lucrecia Maldonado (1962).
Tiresias es un adivino que aparece en todos los fragmentos mitológicos relacionados con Tebas, desde la época de Cadmo hasta la expedición de los Epígonos: fue Tiresias quien aconsejó que se entregara el trono de la ciudad al vencedor de la Esfinge y, más tarde, sus revelaciones conducirán a Edipo a descubrir el misterio que rodeaba su nacimiento y sus involuntarios crímenes.
Todos los autores se ponen de acuerdo en decir que tuvo lugar durante la toma de Tebas por los Epígonos, los hijos de los Siete de Tebas que habían participado en la primera expedición contra la ciudad beocia.
La estética cultivada por los académicos era la de los epígonos del Barroco porque las ideas del Neoclasicismo de la Corte todavía no habían calado y por la fuerte tradición barroca andaluza; eran conscientes de la decadencia de la poesía en España, pero su reforma era para ellos una restauración de la literatura de los grandes autores del barroco, y muy en particular por el cordobés Luis de Góngora.