enseña


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enseña

(Del lat. insignia.)
s. f. Objeto o figura que se ostenta a modo de insignia como representación de una colectividad. distintivo, emblema, estandarte, insignia

enseña

 
f. Insignia o estandarte.

enseña

(en'seɲa)
sustantivo femenino
bandera o emblema distintivo de una nación o agrupación la enseña patria
Sinónimos

enseña

sustantivo femenino
Traducciones

enseña

enseigne

enseña

SFensign, standard
Ejemplos ?
¡OH raza quimerista, florecen tus rosales Don Quijote, maestro, nos enseña a soñar, a correr locamente tras divinos ideales, por ellos luchar...
Poco tardó en pasar del dicho al hecho: le hurtó el corcel más blanco que la leche, y de arma y traje que el gemelo viste, de enseña y mote al punto se reviste.
Sócrates: Ánimo; a ti me dirijo, y procura responderme bien. ¿Cómo llamas el arte que enseña a cantar, tocar la lira y bailar bien?
-El sistema colonial, porque está en contradicción con la libertad de los pueblos, y porque enseña la experiencia que desde una inmensa distancia son mal gobernados, no se les administra bien la justicia, y sus productos y riquezas no se consumen en utilidad del propio país, sino en guerras y en el lujo y vicios de la Corte.
Y llega a serlo efectivamente, por extraño que antes se fuera a las Musas, en cuanto el Amor le inspira, lo que prueba que el Amor descuella en todas las obras propias de las Musas, porque no se enseña lo que se ignora, como no se da lo que no se tiene.
En igual forma en la arquitectura es preciso distinguir el producto y el arte, pues de una parte está la arquitectura que enseña, y de otra la obra, es decir, la casa.
Esclarecido y digno maestro de los monarcas es el sol: con resplandeciente dotrina los enseña su oficio cada día, y bien clara se la da a leer escrita con estrellas.
Y no te parezca que esto es una aspereza de la doctrina estoica, pues Epicuro (a quien vosotros tenéis por patrón de vuestra flojedad, y de quien decís que os enseña doctrina muelle y floja, encaminada a los deleites) dijo que raras veces asiste la fortuna al sabio: razón poco varonil.
La clase de Español se caracteriza por su relevancia instrumental y hablar de Gramática en su sentido tradicional, ese que aprendieron nuestros abuelos y nuestros padres hasta exclamar que era la “ciencia que quita la paciencia y no enseña nada”, como para reincorporarla a los estudios de nuestra área en primaria o secundaria de acuerdo con el enseñar ya reprobado, es aberrante y contradictorio.
El primero le enseña la magia de Zoroastro, hijo de Ormuzd; es decir, la religión y todo el culto de los dioses, y le enseña igualmente todos los deberes de buen rey.
Uno trincha las aves de gran precio haciendo pasar su derecha, que corta con seguridad, por la pechuga y por los muslos, lo deshace todo en pequeñas porciones; desgraciado mortal que no vive más que para despedazar convenientemente las aves si no fuese más desgraciado aquel que lo enseña por prurito de placer que aquel que lo aprende por necesidad.
Quien quiera aclarar esto, por más defensor de lo tradicional y atacante de lo estructural, tendrá que hacer verdaderos malabarismos para lograr explicarlo (en la realidad, generalmente se hacen de la vista gordísima) y tendrá que caer, aunque no quiera, y mejor, si lo sabe, en un análisis de estructuras lingüísticas profundas y las transformaciones que se dan a partir de ellas para llegar a tal enunciado que haga coincidir lo que se le enseña falsamente al alumno: La tontería.