Ejemplos ?
Dos clérigos viejos conversaban en un rincón, bajo tenue rayo de sol, y un sacristán, todavía más viejo, soplaba la brasa del incensario en frente de una ventana alta y enrejada.
En la habitación no podía haber entrado nadie, ya que la pequeña ventana enrejada y la cerradura de la puerta estaban intactas; pero lo sucedido tenía muchos puntos de contacto con lo ocurrido en el establo.
No llegó a reconocerme nunca durante sus ataques, en los que yo escuchaba con el aliento contenido sus descripciones caóticas, aunque cósmicas; pero me conocía en sus horas de tranquilidad, cuando permanecía sentado junto a su ventana enrejada, trenzando cestos de paja y de sauce, tal vez con el pensamiento puesto en la libertad de las montañas que quizá no volvería a disfrutar.
Lo había visto en aquel horrendo glóbulo quebradizo hacía dos veranos, lo había visto en la vegetación durante la primavera, y había creído verlo por un instante aquella misma mañana contra la pequeña ventana enrejada de la horrible habitación del ático donde habían ocurrido cosas que no tenían explicación.
Era un continental: un pliego de papel que tenía por timbre el globo terráqueo, dos hemisferios. Leocadia firmó el sobre, dejó la pluma encima de la mesilla, se acercó a la ventana enrejada y leyó.
Ruiz ya se había dormido. Benegas apagó la luz. Por la ventana enrejada entraba una claridad festiva, reticulada. ¿Qué hacer? Benegas se levantó y abrió despacio la puerta.
El único compañero de prisión que me queda ya ahora, se sienta a yantar, ante el hueco de la ventana lateral de nuestro calabozo, donde, lo mismo que en la ventanilla enrejada que hay en la mitad superior de la puerta de entrada, se refugia y florece la angustia anaranjada de la tarde.
Los transeúntes contemplaban perplejos aquella escena. Cuando llegaron hasta la enrejada puerta, la Magdalena agradeció la gentileza.
"Sin duda ello difícilmente se adecúa a quien la buena fortuna de la vida en nuestra resplandeciente época le ha concedido desear que su destino sea diferente, y aun así he pensado a menudo que de buena gana cambiaría mi parte en este sereno y dorado día, por un lugar en aquella tormentosa época de transición, cuando los héroes reventaron la enrejada puerta del futuro y revelaron a la encendida mirada de una humanidad sin esperanza, en vez del muro vacío que había cerrado su camino, una perspectiva de progreso cuyo final, por el mero exceso de luz, todavía nos deslumbra.
Acordábase sin cesar del fresco pradito en que apañaba hierba o apacentaba su vaca roja; del soto, en que recogía erizos; del maizal, cuyas panochas segaba riendo; le faltaban aire y luz en el zaquizamí donde dormía, y en la cocina angosta y enrejada en que fregaba pucheros y cazos; y muchas veces soltando el «molido» o el medio limón, dejaba caer los brazos, cerraba los ojos y se veía allá, donde el humo del horno, a guisa de fino velo de tul gris, envuelve la cabaña, a cuya puerta juegan los hermanillos...
Encontramos en esta planta el acceso a la enrejada tribuna que sobre la iglesia parroquial tiene abierta el castillo en el grueso de su muro, testimonio del patronato que ejercían los señores de Alacuás sobre la citada iglesia.
Éste tiene el diseño propio de aquella época, en números romanos. En el tejado se encuentra la campana, encargada de dar las horas, enrejada y colmada en una veleta.