encomiendas


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Sinónimos

encomiendas

sustantivo femenino plural
Ejemplos ?
Las encomiendas, concesiones para la colecta del atributo a cambio de la promoción de la evangelización y el control de la población indígena, propiciaron excesos y fueron extinguidas en época temprana.
Encomenderos.- Hay diez Encomenderos que dicen son al tiempo de esta descripción, los 8 varones y 2 mujeres; y que asistían estas dos y cinco varones. Parece que las encomiendas son 12, las tres de primera vida, y las 9 de segunda, pero que tienen algunos 2 encomiendas.
La Colonia encubrió la crueldad efectiva de la servidumbre con la fórmula protectora de las encomiendas; la República creyó asegurar la redención del indígena otorgándole nominales derechos y fórmulas de libertad; pero nada se hizo por la liberación económica y educativa y así continuó siendo carne de explotación.
Nombre de los Encomenderos y valor de Encomiendas.- Los Encomenderos que al tiempo de esta descripción poseían las Encomiendas, las calidades y valor de Encomiendas son de esta manera: 1.- Bartolomé Pérez de Burgos tiene 37 indios tributarios en segunda vida; rentanle 2738 reales.
4.- Alonso Briceño tiene dos Encomiendas, una en segunda vida de 40 indios tributarios que son gibaros de montaña, otra en primera vida de 29 indios tributarios de tasa ordinaria.
Este no tiene armas por la pequeñez de la encomienda y por su pobreza./ 6.- Doña María de Figueroa Manjarrez tiene 2 encomiendas en segunda vida, la una de 30 y la otra de 29 indios tributarios de tasa ordinaria.
Haciendas, Contrataciones y Granjerías.- Los vecinos de la Ciudad generalmente son pobres; los Encomenderos por la mayor parte no más hacienda que la renta de sus Encomiendas.
Es digno de notarse que en tan pocos años de conquista los indios se habían habilitado para toda clase de oficios. Se los debía sacar de todos los pueblos de encomiendas: de Pasto a Loja, sin quitar sus indios a los encomenderos.
Junto a aquella verja, de pie, envueltos en sus capas de color galoneadas de oro, dejando entrever con estudiado descuido las encomiendas rojas y verdes, en la una mano el fieltro, cuyas plumas besaban los tapices; la otra sobre los bruñidos gavilanes del estoque o acariciando el pomo del cincelado puñal, los caballeros veinticuatro, con gran parte de lo mejor de la nobleza sevillana, parecían formar un muro destinado a defender a sus hijas y a sus esposas del contacto de la plebe.
Un cronista de la época describe: ”Empezóse la tierra a alterar; habían muchas juntas y concilios, tratando de que era gravísimo agravio el que su Majestad hacía a la tierra y quedaba perdida de todo punto porque ya, las más de las encomiendas estaban en tercera vida y antes se perdían las vidas que consentir tal y verles quitar lo que sus padres habían ganado.
En 1538 era ya el aventurero Juan de Barbarán todo un personaje, como que investía el grado de capitán, era regidor en el cabildo de Lima y poseía una de las principales encomiendas en el fértil valle de Chicama.
Esto se ve claramente en las múltiples agitaciones que provoca la “Nueva Ordenanza” dictada en 1542, que para favorecer a los indios suprimía el servicio personal de los indios y declaraba caducas las encomiendas.