Ejemplos ?
Pronto, sin embargo, como no podía ocurrir de otro modo, la campaña se percata del fraude de que es objeto, de que el vencido le sustrae las ganancias correspondientes al triunfo que ha sido suyo y otra vez y otra y otra más se encienden las hogueras de la guerra civil.
Mirad cómo en toda Europa comienzan nuevos fervores de luchas liberales, y mirad cómo no encienden esa pasionalidad política modernísima, utopías más o menos remozadas, sino el ideal de la eficacia.
Tenemos todos un alma de rey, pues los reyes, olvidándose tanto de sus fuerzas como de la debilidad de los otros, se encienden y hacen crueles, como si realmente hubieran recibido una injuria, siendo así que su grandeza los guarda con toda a seguridad de todo peligro, No es que lo ignoren, pero en su misma queja encuentra ocasión de poder.
DON JUAN Bella deidad destos bosques, émula hermosa de Cintia, que para fieras y hombres el plomo y la luz fulminas; a quien el Betis le5 debe cuantas estampas floridas tus negros ojos encienden, tu blanco pie resucita; visite a Celestina, una mujer conocedora del arte del amor para que le descubra el misterio de la cazadora.
Todos encienden, como hambrientos, el canal que ofrezca la mayor máscara de inmoralidades y se solazan en los vituperios que se lanzan unos a otros ciertos protagonistas fugaces con el pretexto de una hipócrita libertad de expresión.
DON JUAN No es de ese incendio las reliquias las que hoy encienden en mi pecho; porque de sus tiranías 8 estoy tan desengañado que ni acordarme querría de su nombre.
Por mí, entiendo que no se puede guiar a un pueblo contra el alma que lo mueve, o sin ella, y sé cómo se encienden los corazones, y cómo se aprovecha para el revuelo incesante y la acometida el estado fogoso y satisfecho de los corazones.
Dí si en tus ojos se encienden los ángeles; si contento te causa tal vez su acento; y si mirándote, tienden las blancas alas al viento.
-respondió Ricardo-; ésa es, amigo, la causa principal de todo mi bien y de toda mi desventura; ésa es, que no la perdida libertad, por quien mis ojos han derramado, derraman y derramarán lágrimas sin cuento, y la por quien mis sospiros encienden el aire cerca y lejos, y la por quien mis razones cansan al cielo que las escucha y a los oídos que las oyen; ésa es por quien tú me has juzgado por loco o, por lo menos, por de poco valor y menos ánimo; esta Leonisa, para mí leona y mansa cordera para otro, es la que me tiene en este miserable estado.
De noche, cuando el gentío llama a la puerta, se encienden a la vez, en sus globos de cristal blanco y azul, y rojo y verde, las mil luces eléctricas del palacio.
II Schiwen continua de este modo, dirigiéndose a su imagen: -Hace algunos momentos pensaba en llevar a cabo la destrucción del príncipe que usurpo un día el cetro de la muerte; mas en vano buscaba la ocasión de herirle; en vano, porque Vichenú, mi orgulloso antagonista, le defendía bajo el inmenso escudo que oculta los hombres a mis ojos cuando estos se encienden en cólera y arrojan rayos que arden y matan.
Le veo todavía ante mí con su rostro radiante de cariño y de orgullo, para el que no encuentro descripción. Sus honrados ojos se encienden y se animan, lanzando chispas.