Ejemplos ?
—¿Qué es de Michito?— la pregunté. Y ella, con una encantadora, indescriptible, celestial son- risa, me contestó: —Lo he regalado.
Y volvió a ponerse roja. Era una niña encantadora, con ojos llenos de vida y cabellera de luengos rizos que besaban el terciopelo de las mejillas.
La voluptuosa se acercó hasta la peña de la penitencia donde YAPPAN cantaba un himno a la creación y con una encantadora y musical voz le habló.
DON JUAN Espera, ¿quién canta ahora, el amor o la Sirena? SIRENA El amor está vencido. DON JUAN ¿Y la encantadora? SIRENA Muerta.
Por nuestra parte, si hemos de ser sinceros, sólo hallamos en su encantadora fisonomía un vicio que es, a la vez, una grave inelegancia: fue fanática.
¿Quien fascinado no corre Tras unos ojos de fuego Que nos roban el sosiego, La prudencia y el valor? Y á fé que era encantadora La dichosa peregrina!
El día feliz memora en que luz primera vió; y a su lado por eso, gentil señora, tanta dama encantadora, tanto héroe celebrado hoy reunió.
Paróse en medio la estancia Por fin, y en su encantadora Sobrina puso los ojos Dó la rábia se le asoma; Y él altivo y ella humilde, El feroz, ella medrosa Bien comparárseles puede Al milano y la paloma.
Como Stendhal era un buen conocedor del eterno femenino, Mérimée le seduce con estas palabras: «Es una mujer encantadora, una admirable amiga, un tipo muy completo y bellísimo de la mujer de Andalucía; le agradará a usted mucho por su ingenio y su naturalidad».
Apenas aquellos compañeros lo vieron, sintieron al instante un suave y tibio viento que los envolvía y las cañas que utilizaban para mover las pinturas, despidieron una encantadora música, como CHIRIMÍAS, flautas de carrizo.
Yo adoré la hermosura De angelical doncella encantadora, Bella como la aurora, Como las flores pura. En su labio risueño Yo contemplé mi amor con ufanía; Ella me amaba un día, Yo la llamé mi dueño… Reclinado en su seno Sentía yo su mano dulcemente Resbalar por mi frente, De orgullo el pecho lleno.
No pasemos la vida En llorar como imbéciles mujeres; La riqueza gocemos adquirida, Y hagamos amistad con los placeres.» Y aquí don Juan, soltando de repente Ruidosa carcajada, Que sin duda excitada Fue por recuerdo que acudió a su mente, Siguió diciendo: «Y en verdad que ahora Pillaré descuidada A mi antigua Sirena encantadora.