Ejemplos ?
Miniserie (2013) Los misterios de Laura, como Marco Medina, un episodio: Laura y el misterio de la habitación 308 (2014) Cuéntame un cuento, como Marko Torres "Enanito Bonachón", un episodio: Blancanieves (2014) La dama velada, como Lodovico Vallauri (2015) Carlos, Rey Emperador, como Fernando Álvarez de Toledo (2015-2016) Besos para todos, como un alumno.
Muchos años después de la separación del dueto, Xavier López seguía refiriéndose a Ramiro Gamboa, de manera afectuosa, como su "papá". Durante muchos años participó en la serie " Los Juguelotes de Gamboín", acompañados del enanito Margarito Esparza.
Al llegar junto al enanito, don Pedro se inclinó y lo golpeó suavemente en la mejilla con su guante bordado. —Baila ya, petit montre –dijo-.
Algunas agregaron que siendo la fealdad del enanito casi ofensiva, demostraría más prudencia y buen gusto adoptando un aire melancólico o siquiera pensativo, en lugar de andar saltando como un enajenado y haciendo gestos tan grotescos y estúpidos.
—dijo con voz tan áspera y chillona que los peces dorados que vivían en la fuente, sacaron del agua la cabeza preguntando qué ocurría a los grandes tritones de piedra que arrojaban sus gruesos chorros para mantener fresca el agua. Sin embargo, los pájaros amaban al enanito.
No era proporcionado como todo el mundo, sino jorobado y patizambo, con una cabezota enorme que se bamboleaba de un lado a otro, y una hirsuta crin negra. El enanito frunció el ceño, y el monstruo también lo frunció.
y el monstruo hizo lo mismo y esparció por el aire los delicados pétalos. El enanito se cubrió los ojos con las manos, y se alejó del espejo temiendo verlo una vez más.
Era una especie de enanito, barrigudo, de redondeadas y menudísimas formas, vistiendo jubón de raso cereza y pantalones bombachos, atavío semejante al de los músicos de alguna jazz band exótica.
Le tembló el corazón, dejó escapar un grito de alegría, y avanzó. Entonces, la figura avanzó también y el enanito consiguió distinguirla con claridad.
Tan simpático. Hasta los niños habían pregonado entre brincos y sonrisas los defectos del hombrecillo: “¡Miren al enanito! ¡Ahí va!
Agitó su abanico, y aplaudió. Pero el enanito no levantó la cabeza. Sus sollozos eran cada vez más débiles; hasta que exhaló un extraño suspiro y se oprimió el costado.
Eres tan inteligente como los monos de Berbería, y mucho más gracioso. Pero el enanito no contestó. La Infanta, airada, dio un golpe en el suelo con su pie, y llamó a su tío, que estaba paseando con el Chambelán, mientras leían unas cartas recién llegadas de México, donde se acababa de establecer la Santa Inquisición.