en pocas palabras

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en pocas palabras

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Ejemplos ?
Jamás, o pocas veces, se les dan conocimientos necesarios y acordes con las vivencias de sus años, con su búsqueda de experiencias; en pocas palabras, que sean útiles respuestas a las inquietudes naturales de los estadios psicológicos por los que atraviesan; esto es, funcionales, comunicativos, necesarios para ayudarlos a su maduración.
¡Qué mejor que una clase de español convertida en el activo placer de la lengua, donde las expresiones artificiosas para una gramática artificial cedan su puesto al habla y a la escucha vitales entre diálogos argumentativos, exposiciones motivadoras, lecturas significativas y, de una multitud de técnicas creadoras y estrategias cognitivas más, se aterrice en la construcción de objetos lenguajes satisfactorios para las exigencias comunicativas del alumnado y del magisterio; objetos semióticos donde el ser humano oprimido por la demagogia comercial, sienta su renacimiento neohumanístico como entidad cultural plena y en constante realización: un yo que piense más en el nosotros y redescubra los valores trascendentales de la vida humana. En pocas palabras...
Lo mismo sucede con el acercamiento a los textos literarios centrados en un leer por leer, donde se ocupa un espacio permanente que deviene vacío, y más cuando se hace con la absurda rapidez exigida por los teóricos cuantitativos, pues no se indaga, por la prisa avasalladora de cumplir tiempos de los obsesionados del quedar bien con juicios precipitados, en las causas que produjeron tal obra y no se la ubica como producto de su contexto socio histórico; ni se atiende a los rasgos que la demarcan ideológicamente, además de no descubrir su organización estructural ni analizar los valores contenidos y que tanto interesan a los jóvenes para su interpretación. En pocas palabras...
El éxito de los denominados cafés-internet muestra la fuerza de atractivos que les ofrecen a los chicos y chicas para navegar por el mundo y descubrir lo que verdaderamente les motiva, aunque se caiga en el peligro de abrir los ojos en lo que a veces no conviene a los malos educadores y cuya información aún se ubica en el siglo XIX. En pocas palabras...
Yo os juro que he visto, como os estoy viendo a vosotros, si no una salamandra, una larva o una ampusa. Os contaré el caso en pocas palabras.
Don Cipriano se puso muy colorado, pero disimuló y procuró estar cortés con su antigua víctima de trascendentalismo. En pocas palabras enteró a Zurita de su nuevo estado y próspera fortuna.
Si el lector desea conocer sintetizadas en pocas palabras las costumbres de.la corte rusa durante el reinado de Catalina II, puede leer el siguiente párrafo de un historiador imparcial: No creemos que la historia de ningún otro pueblo presente, en los tiempos modernos, una imagen de inmoralidad más completa y más odio sa que la del pueblo ruso bajo el reinado de la notoria Catalina.
Son, en pocas palabras, un marco espacial común, compartido por un grupo de personas, que aloja una densa mezcla de actividades socio-económicas sujetas a fuerzas centrípetas o de polarización.
Observé que en el cumplimiento de su trabajo era extremadamente exacto y vigilante, que interrumpía lo que estaba diciendo y que permanecía en silencio hasta que había terminado lo que tenía que hacer. En pocas palabras, habría considerado a este hombre el más fiable de todos para desempeñar aquel puesto, de no haber sido porque, mientras me estaba hablando, en un par de ocasiones perdió el color, se volvió hacia la campanilla cuando ésta no había sonado, abrió la puerta de la casa (que permanecía cerrada para aislarnos de la insalubre humedad) y miró hacia la luz roja que se encontraba junto a la boca del túnel.
Venga a los toros el chino, y aprenderá a decir mucho en pocas palabras de la perspicacia de los españoles; venga todo el mundo a unas fiestas en que, como dice Jovellanos, el crudo majo hace alarde de la insolencia; donde el sucio chispero profiere palabras más indecentes que él mismo; donde la desgarrada manola hace gala de la impudencia; donde la continua gritería aturde la cabeza más bien organizada; donde la apretura, los empujones, el calor, el polvo y el asiento incomodan hasta sofocar, y donde se esparcen por el infestado viento los suaves aromas del tabaco, el vino y los orines.
Una cadenita de azabache serpeaba alrededor de su busto. En pocas palabras, algo balbucientes porque la emoción me cortaba la voz, enteré a la señora de Sofías del objeto de mi visita.
—Se lo diré a usted —replicó el prefecto, profiriendo un largo, fuerte y reposado puff y acomodándose en su sillón— Se lo diré en pocas palabras; pero antes de comenzar, le advertiré que este es un asunto que demanda la mayor reserva, y que perdería sin remedio mi puesto si se supiera que lo he confiado a alguien.