Ejemplos ?
Turkey, Nippers y Ginger Nut estaban sentados en fila, cada uno con su documento en la mano, cuando le dije a Bartleby que se uniera al interesante grupo.
Todo depende de cómo se las dispone: pueden dar la vida, pueden condenar a muerte; alegrar o entristecer. Por sí solas nada son, pero ¡puestas en fila y ordenadas!...
Y ¿cómo habíamos de haber discurrido nosotros que aquel mueble había de ser tirado de dos caballos muy altos, indispensablemente rabones, y puestos en fila, a guisa de tiro de carromato, como si tiraran de alguna cosa?
Sobre la carga que ésta lleva en sus bodegas, se han tendido unas tablas de pino; entre estas tablas y la cubierta, espacio mucho más bajo que la talla de un hombre, se han colocado en fila tantas colchonetas como son los pasajeros: una de ellas es la de Andrés.
Los invitados llegaron temprano en coches (carricoches de un caballo), charabanes de dos ruedas, viejos cabriolets sin capota, jardineras con cortinas de cuero, y los jóvenes de los pueblos más cercanos, en carretas, de pie, en fila, con las manos apoyadas sobre los adrales para no caerse, puesto que iban al trote y eran fuertemente zarandeados.
Él no podía aguantarse sin tocar continuamente su peine, sus sortijas, su pañoleta; algunas veces le daba en las mejillas grandes besos con toda la boca, o bien besitos en fila a todo lo largo de su brazo desnudo, desde la punta de los dedos hasta el hombro; y ella le rechazaba entre sonriente y enfadada, como se hace a un niño que se te cuelga encima.
A Emma le palpitó un poco el corazón cuando, enlazada a su caballero por la punta de los dedos, fue a ponerse en fila, y esperó el ataque del violín para comenzar.
Alto, membrudo, con el sable corvo en la diestra, sobresalía con exceso de la montura, y hacía caracolear su tordillo de un lado a otro, empujando con los encuentros a los soldados para hacerlos entrar en fila.
Redobló el tambor, tronó el cañón, y los señores en fila subieron a sentarse en el estrado, en los sillones de terciopelo rojo que había prestado la señora Tuvache.
Entretanto, las cuatro banquetas se llenaban, el coche rodaba, los manzanos en fila se sucedían; y la carretera, entre sus dos largas cunetas llenas de agua amarillenta, iba estrechándose continuamente hacia el horizonte.
Pusiéronse en fila, y Aquileo les indicó la meta a lo lejos en el terreno llano; y encargó a Fénix, escudero de su padre, que se sentara cerca de aquella como observador de la carrera, a fin de que, reteniendo en la memoria cuanto ocurriese, la verdad luego les contara.
Levantóse al instante el veloz Ayante de Oileo, después el ingenioso Odiseo, y por fin Antíloco, hijo de Néstor que en la carrera vencía a todos los jóvenes. Pusiéronse en fila y Aquileo les indicó la meta.