Ejemplos ?
Serán antojos: mas al verte ven flores y aves mis ojos. Al verte en movimiento y al verte en calma, en poética duda vacila el alma.
RONQUILLO: Oidme señor; yo espiro Aunque pecador, en calma: Solo me atormenta el alma Un peso que solo vos podeis quitarme: la muerte Del obispo de Zamora.
Salió del harén en calma, y al elevarse la luna por el azul firmamento alzando montes de espuma, salió aquella misma noche del puerto en que se asegura, el barco en que van a Europa don Luis y la gente suya.
Y en su lejana soledad ardiente perdiéndose su sombra poco a poco, su memoria olvidó la ingrata gente y a hablar no se volvió del pobre loco. --- Cinco años pasado habían: don Luis, en fortuna próspera, de su extendido comercio los frutos en calma goza.
Quiero que tu existencia tejas con flores; que guardes tu inocencia, que nunca llores; que bogue en calma por el mar de la vida siempre tu alma.
La pérdida de todo cuanto en mi patria amaba, que obró en mi ser de modo que aún hoy su acción no acaba, que hundió en la hiel y el lodo con insistencia brava lo en cuanto yo fundaba mi fe y mi porvenir, sin luz mis horizontes dejó en la Patria mía, me convirtió en desmontes sus campos de alegría, me echó encima sus montes, su suelo se me hundía, y ya no más quería que ir lejos a morir. No quiso Dios, y he vuelto, no con el alma en calma, pero con fuerza de alma para poder vivir.
quiere, puede mostrarlo ya que cuando les escriba a otros amigos abreviaré mucho más mis observaciones sobre la cuestión chileno-peruana. Todo permanece en calma bajo el dominio chileno y lentamente los negocios reinician sus actividades.
La flota estaba como en calma cuando pasaba consigo esta tormenta Felipo de Carrizales, que éste es el nombre del que ha dado materia a nuestra novela.
La llegada está prevista; la aduana no abrirá el equipaje; los comisionados del gobierno y el comercio han preparado coches; se puede ir en calma al puente, a ver cómo se entra en New York, en día de lluvia fina.
Tan en calma y tan sombría como la noche que enluta la esquina en que desemboca una callejuela oculta, se ve de un hombre que guarda la vigilante figura, y tan a la sombra vela que entre las sombras se ofusca.
Y cual peñon que elevase altanero En medio da las ondas borrascosas Al bramar del huracán y noto fiero, Desprecia su furor y olas furiosas, Que fatigadas del horror primero Se retiran en calma temerosas; Tal es el que sabia educación dirige Las riendas de la patria invicto rige.
A este temeroso sitio, mientras lento declinaba a ponerse un sol de otoño entre celajes de nácar, estando el viento adormido, la mar blanquecina en calma, y sin turbar el silencio de las voladoras auras, sino el grito de un milano que los espacios cruzaba, y los de dos gavïotas, cuyo tálamo era el agua, la divina Rosalía, la hermosa de la comarca, fugitiva y anhelante llegó, sudosa y turbada.