Ejemplos ?
¡Er Niño der Vizcaíno! Ahora sí que me voy yo tamién en busca de los del correaje amarillo y no me aseparo de ellos jasta que entremos en poblao.
-Sí -le repuso con voz sombría el Carambuco-; casarte con Paco el de los Jazmines. Pero no tengas cudiao, que yo iré en busca de ese hombre.
Marcha él al río; donde cree su arresto más necesario en la marcial porfía, que heraldo en busca de socorro vino, de aquel lugar en nombre de Sobrino.
Supóngase usté que estamos en mi establecimiento y que, de pronto, se nos mete por las puertas una gachí en busca de lo que más necesita.
Quince días después de la escena que acabamos de referir, y a eso de las nueve de la mañana, muchísima gente ociosa presenciaba, en la calle de San Juan de Dios y parte de la de San Felipe de aquella misma capital, la reunión de dos compañías de migueletes que debían salir a las nueve y media en busca de Parrón, cuyo paradero, así como sus señas personales y las de todos sus compañeros de fechorías, había al fin averiguado el Conde del Montijo.
-Y eso..., ¿qué es? -Que va, ¿estamos?, por onde se le entoja -declaró enfáticamente el tío Manuel, echando a andar en busca de su yegua.
- ¡Extraño es, a fe mía, pues él llega siempre antes que nadie cuando se trata de salir en busca de Parrón, a quien odia con sus cinco sentidos!
-Lo que yo necesito es arrejuntar más pronto que se ice un puñao de jaras pa poer mercalle a mi jembra las mejores arracás y el mejor mantón de tos los que puean lucir en toíca la serranía, y como yo no tengo haberes pa premitirme esos rumbos, pos cuando antier me dio el viejo las tres mil y pico de tordas que importa el vencimiento de la hipoteca que le tiéen jecha los Reondos de Faraján, pos me ije yo pa mí: «Con estos cuatro ochavos pueo yo dirme en busca de mi primo y dirme con mi primo al Campamento y emplearlos bien empleaos y mercar el mantón y mercar los aretes...
Di los buenos días al ministro, y me marché enseguida, abandonando sobre la mesa una tabaquera de oro. A la mañana siguiente fui en busca de la tabaquera, y reanudamos placenteramente la conversación del día anterior.
El anciano duende de allá en Noruega, el que reside en la vieja roca de Dovre y posee cuatro palacios acantilados de feldespato y una mina de oro mucho más rica de lo que creen por ahí, viene con sus dos hijos, que viajan en busca de esposa.
El duende es un anciano nórdico, muy viejo y respetable, pero alegre y campechano. Lo conozco de hace mucho tiempo, desde un día en que brindamos fraternalmente con ocasión de su estancia aquí en busca de mujer.
Tú estás ya que jaces gárgaras, y con razón, por la hija del señor Curro, que es un fenómeno de bonita; ella te mira a ratos y no de mu mala manera, pero dice a tus arrullos que nanai, porque le teme a su padre más que al terral, y que tan y mientras tú no platiques con su padre y su padre no te vise el pasaporte, puées izar el ancla y largar el velamen y dirte por esos mares e Dios en busca de atunes...