empedrado


También se encuentra en: Sinónimos.

empedrado, a

1. adj. Que está cubierto de nubes pequeñas que se tocan unas con otras.
2. Se aplica a la caballería que tiene manchas, generalmente redondas, más oscuras que el resto del pelo. rodado
3. s. m. Acción y resultado de empedrar.
4. CONSTRUCCIÓN Pavimento formado artificialmente de piedras.

empedrado, -da

 
adj. Díc. de la caballería rodada.
Díc. del cielo cubierto de nubes pequeñas.
m. Acción de empedrar.
fig.Plato de arroz con lentejas y alubias o judías.
constr. Pavimento formado de piedras.

empedrado

(empe'ðɾaðo)
sustantivo masculino
construcción pavimento hecho con piedras El empedrado de la plaza está muy deteriorado.

empedrado, -da


abreviación
cielo que está cubierto de nubes pequeñas El cielo estaba empedrado de nubes de distintos tonos de grises.
Sinónimos

empedrado:

emborregado
Traducciones

empedrado

Pflaster

empedrado

dappled, paving, pitted

empedrado

acciottolato

empedrado

A. ADJ [superficie] → paved; [cara] → pockmarked; [cielo] → cloud-flecked
B. SMpaving
Ejemplos ?
(1): Expresión que se refiere a arrancadas, intervenidas con alteración o dañadas por culpa del vandalismo publico. (2): Se refiere a pavimentación o empedrado de las calles.
El ventero, que había estado escuchando el diálogo mantenido por el albardonero y el hijo de la señá Catite, panza arriba sobre el empedrado suelo y con un albardón por almohada, medio incorporóse a la entrada del nuevo personaje, y -¡Ah!, que es usté, tío Cantales -exclamó, tumbándose de nuevo sobre el no muy bien mullido lecho, después que hubo conocido al recién llegado.
Habíamos llegado a Santa María y tuvimos que guarecernos en el cancel de la iglesia para dejar la calle a unos soldados de a caballo que subían en tropel: Eran lanceros castellanos que volvían de una guardia fuera de la ciudad: Entre el cálido coro de los clarines se levantaban encrespados los relinchos, y en el viejo empedrado de la calle las herraduras resonaban valientes y marciales, con ese noble son que tienen en el romancero las armas de los paladines.
En el azul del empedrado regaba flores el fervor; banderolas en las paredes, candilejas en el balcón, el canelón y el miriñaque el garrasí y el quitasol; un predominio de morado de incienso y de genuflexión.
La luz verdosa del farolón de bronce, amarrado por una cadena a la clave del arco, proyectaba del mendigo una desmesurada sombra, movediza en el triangular empedrado del zoco, sembrado de rosas podridas y cáscaras de melones.
Pero después de siete años volvió a Tetuán, a vivir en la entrada de la plazuela de la calle de Attarin del Suk el Fuki. ¿Qué era lo que la atraía de aquel espacio empedrado con guija de río?...
Cuando Joseíto el Carambola vio alejarse la diligencia, quedóse plantado en la acera, la vista en el empedrado, el amplio cordobés inclinado sobre la frente, las manos en los bolsillos del marsellés y con el semblante grave y meditabundo.
El carruaje marchaba lentamente; sin embargo, no era carruaje del Gobierno, y tardé en perder de vista el delicioso empedrado, las desiguales cúpulas de los numerosos conventos, que, semejantes al espectro descrito por Virgilio, hunden su planta en los abismos y esconden su cabeza en las nubes, ocupándolo todo.
Además de los representantes del sexo viril, no el mas débil dejaba de tener allí representación valiosísima, y sentadas, acá y acullá también, sobre el mal empedrado suelo, lucían sus haraposas vestiduras de colores, si vivos un tiempo, ya un tantico apagados por antiguas suciedades; los semblantes renegridos, algunos de gracioso perfil y ojos magníficos; los pies descalzos y el principio de la pantorrilla curtidos por la intemperie y el pelo sucio y aceitoso, cayéndole sobre la nuca en enorme castaña, engalanado con alguna flor de tallo larguísimo y de perfumado broche.
La escollera de Maliaño, la estación del ferrocarril, el nuevo empedrado y otras reformas hechas precisamente mientras duró la condena de los pilluelos, era lo que ellos no podían comprender; mas lo que extravió sus razones hasta el extremo de llegar al espanto fue la aparición, por la Peña del Cuervo, de un monstruo silbando y arrojando nubes y fuego por la cabeza.
En la buena estación ambas plazas eran transitables, pero en el invierno cambiaba la cosa con el lodo que se formaba en ellas, como que entonces no había empedrado ni cosa parecida en ellas.
Cuando míster Micawber terminó de honrarme con aquel discurso, añadió: -Buenas noches, mistress Heep; soy su servidor. Y salió conmigo del modo más elegante, haciendo sonar el empedrado bajo sus tacones y tarareando una canción durante el camino.