empecinar

(redireccionado de empecinados)

empecinar

1. v. tr. Untar un barco, cable u otra cosa, con pez.
2. v. prnl. Tener empeño una persona en una cosa se empecinó en ir al cine, a pesar de que le avisé de que no le gustaría la película. emperrarse, obstinarse

empecinar

  (de en- + pecina)
tr. Untar de pecino o pez [alguna cosa].
Ejemplos ?
De esta resina los pegueros o empecinados obtenían la pez (sustancia resinosa sólida de un color pardo amarillento), que suele ser empleada para cubrir las cubas de vino y estas quedan impermeabilizadas, además se balaustraba las pateras, dándoles estanqueidad a la madera de los barcos y con ayuda del “caldero de la pez” y el hierro de marcar, se marcaba a las ovejas, antes y después de esquilarlas sin hacerles ningún daño y también servía para curar las royas del ganado.
“En el tanguillo y todo el resto del programa, Carlos Ledermann estuvo secundado de manera impecable por Juan Pablo Luna(...)entre la atractiva sequedad del diálogo balbuciente de las dos guitarras(...)los ritmos nerviosos de las alegrías, las palmas precisas y los giros empecinados en el acompañamiento.” Federico Heinlein, Compositor y Crítico Musical, Diario El Mercurio de Santiago de Chile, Octubre, 1992.
El 9 de junio el ejército sitiador bombardeó la plaza utilizando cuatro granadas capturas en Las Piedras. Si bien el ataque no causó daños, los empecinados solicitaron a Elío el bombardeo de Buenos Aires como represalia.
Lógicamente este tipo de periodismo tiene que ver también con el exceso de los paparazzi que han contribuido a demeritar el papel del fotoperiodista en este campo, confundiéndose con frecuencia con este tipo de persecutores empecinados de las estrellas del espectáculo hasta el punto de invadir su intimidad.
En 1910 la Universidad Republicana sufrió graves tropiezos económicos, de manera que un grupo de aventajados profesionales, empecinados en salvarla, fundaron una “compañía anónima de capital limitado” que tendría como aporte principal la Universidad Republicana, ya existente, la cual sería concedida por su propietario el Doctor Eugenio J.
También un sector de la opinión montevideana (representado por el cabildo y los llamados “moderados” en oposición a los “empecinados” que lideraba Diego Ponce de León, sargento mayor de la plaza, y el propio Elío).
Hoy mismo, con mayor razón, los extranjeros admiran la política antinacional que desenvuelven los Gobiernos; al verlos empecinados en soportar y sostener la subyugación a Chile.
También tienen un apetito voraz y se comen cualquier cosa mínimamente comestible, por lo que hay que vigilar su alimentación para evitar el sobrepeso. Están ansiosos por complacer, pero también son empecinados como cualquier terrier.
Por otro lado, la Junta suspendió la figura del Ministro de Real Hacienda del Río Negro (el último de estos funcionarios fue Agustín Orta y Azamor), funcionario de la Comandancia de Patagones a quien los pobladores tenían la obligación de vender los frutos de sus cosechas No obstante tales medidas fueron insuficientes y cuando en octubre de 1810 la Junta deportó a Patagones al coronel Faustino de Ansay, antiguo Comandante General de Armas de Mendoza, a sus funcionarios Domingo de Torres y Arrieta y Joaquín Gómez de Liaño y a José Roque González, partidario del levantamiento de Liniers en Córdoba, los exiliados encontraron entre los vecinos, españoles y empecinados la simpatía y el apoyo necesario para concebir la posibilidad de una fuga exitosa.
Su partida de bautismo se halla en el Archivo Diocesano de Valladolid, y dice así: A los naturales de Castrillo se les llamaba con el mote de «empecinados», por un arroyo, llamado Botijas, lleno de pecina (el cieno verde de aguas en descomposición) que atraviesa el pueblo y se cree que de ahí le venga el apodo a este personaje.
En zona de frontera y con recursos escasos en momentos que la nación dirigía todos los disponibles a la guerra externa y a la civil, la voluntad y posibilidad de destinarlos a mejorar la calidad de vida de prisioneros realistas españoles o criollos «empecinados».
Al mismo tiempo, el Cabildo permitía libremente la emigración de quienes quisieran marcharse, lo que habilitó a muchos “empecinados” del período anterior para marcharse hacia Río de Janeiro o hacia la misma España.