emigrante

(redireccionado de emigrantes)

emigrante

1. adj./ s. m. y f. Se refiere a la persona que emigra los emigrantes siempre vuelven a casa en vacaciones. emigrado
2. s. m. y f. SOCIOLOGÍA Persona que vive fuera de su patria por razones no políticas.

emigrante

 
adj. Que emigra.
com. Persona que por emigración se ha trasladado al país donde reside.

emigrante

(emi'γɾante)
abreviación
sociología persona que se traslada y establece en un lugar distinto del de su origen un obrero emigrante

emigrante


sustantivo
sociología persona que se traslada a un país extranjero para establecerse ahí La desocupación generó un aluvión de emigrantes.
Traducciones

emigrante

migrant, emigrant

emigrante

Emigrant, Migrant

emigrante

emigrante

emigrante

migrant

emigrante

migrant

emigrante

siirtolainen

emigrante

migrant

emigrante

migrant

emigrante

移住者

emigrante

이주자

emigrante

migrant

emigrante

omstreifer

emigrante

wędrownik

emigrante

person som flyttar från plats till plats

emigrante

ผู้ย้ายถิ่น

emigrante

göçmen

emigrante

người di cư

emigrante

移民

emigrante

ADJ & SMFemigrant
Ejemplos ?
La familia de emigrantes excitaba bastante la curiosidad en el barrio, y estuvimos encantados de poder refugiamos en su habitación.
La Región prestará especial atención a los emigrantes murcianos, sin perjuicio de lo establecido en la Constitución y las Leyes del Estado.
Y luego, el Director, organizó el viaje de los tres sorianitos. Iban a ser conducidos especialmente por un empleado del Hotel de Emigrantes.
¿Sois españoles?... Vamos al Hotel de emigrantes. Allí pasaréis la noche, se os dará de comer y quién sabe, puede que se os dirigirá a vuestro destino.
Se dice sin reparo que esto no supone ningún atropello, porque los emigrantes «no tienen cultura» y ganan mucho sus hijos pudiendo acceder a alguna.
Pero el policiaco les tranquilizó: -No temáis españolitos, no temáis... Os recibe el Gobierno de la República Argentina, que es padre de los emigrantes.
Los emigrantes se agolpaban a la proa del enorme trasatlántico que se alejaba del puerto rápido y majestuoso. Antonio el Caravaca, pálido y sombrío, tras posar una mirada triste en los montes que perdíanse lentamente en la radiante lontananza, sentose sobre un rollo de cables embreados, cerró los ojos y transportose de nuevo al perfumado cubril, que abandonaba tal vez para siempre.
Me contó que todas las cartas de los emigrantes respiraban esperanza y alegría; que míster Micawber había enviado ya muchas veces pequeñas sumas de dinero para saldar sus deudas, « como debe hacerse de hombre a hombre; que Janet había vuelto al servicio de mi tía al establecerse esta de nuevo en Dover, y que, por último, había renunciado a su antipatía por el sexo masculino, casándose con un rico tabernero, y habiendo confirmado mi tía aquel gran principio ayudando y asistiendo a la novia y hasta honrando la ceremonia con su presencia.
¿En virtud de qué principio puede negarse a los hijos de los emigrantes de cualquier lugar de España el acceso directo a esa lengua y a ese patrimonio cultural?
El patrón, ya en alta mar, hizo que se presentasen sobre cubierta los numerosos emigrantes de diversas provincias, contratados y enganchados por él para que fuesen a fundar una colonia en la República Argentina.
Ya a larga distancia de su patria, los tristes emigrantes se detuvieron para descansar y también para tomar una resolución para lo porvenir.
La tierra cubría ya los restos mortales de mi mujercita, y sólo esperaba por lo que míster Micawber llamaba la «pulverización final de Heep» y «la marcha de los emigrantes».