Ejemplos ?
Algunos con los ojos abiertos continuaban comiendo su pescado o royendo un hueso de carnero, y el aceite se les corría hasta el mentón.
Tomó algunos pelos de los perros, friólos en aceite, y, lavando primero con vino dos mordeduras que tenía en la pierna izquierda, le puso los pelos con el aceite en ellas y encima un poco de romero verde mascado; lióselo muy bien con paños limpios y santiguóle las heridas y díjole: -Dormid, amigo, que, con el ayuda de Dios, no será nada.
Será la beata encargada de cuidar del farol del retablo sisa a los devotos y escasea el aceite, por la cual la luz, próxima la morir, luce y se oscurece a intervalos en señal de agonía.
Él tiene ordenado que de lo que hurtáremos demos alguna cosa o limosna para el aceite de la lámpara de una imagen muy devota que está en esta ciudad, y en verdad que hemos visto grandes cosas por esta buena obra; porque los días pasados dieron tres ansias a un cuatrero que había murciado dos roznos, y con estar flaco y cuartanario, así las sufrió sin cantar como si fueran nada.
Parece que había sido un yerro de cuenta. La fusión sigue en boga por todas partes; dentro de poco conseguirán que se junten el agua y el aceite.
¿Quiénes son los soberbios que se arrogan el derecho de enfrenar cosa que nace libre, de sofocar la llama que enciende la naturaleza, de privar del ejercicio natural de sus facultades a criatura tan augusta como el ser humano? ¿Quiénes son esos búhos que vigilan la cuna de los recién nacidos y beben en su lámpara de oro el aceite de la vida?
-me dijo- Mañana qui hay salve en l'iglesia tengo que ir de monarcillo. Yo sé onde tiene el sacristán guardao el aceite, cuando vaya a vestime le robo.
Una vez satisfecha el hambre se encontró bastante aburrido; su única distracción era contemplar el retrato de aquella dama que parecía también mirarle. Así se pasó el día; el aceite de la lámpara se consumió y esta cesó de arder.
Y se había ya con esto puesto en salvo, sino que dijo un ministro que se bebía el aceite de las lámparas y echaba la culpa a una lechuza, por lo cual habían muerto sin ella; que pellizcaba de los ornamentos para vestirse; que heredaba en vida las vinajeras y que tomaba alforzas a los oficios.
Bástele al lector saber que como el viejo Porres no le dejó á su retoño otra herencia que los siete días de la semana y una uña en cada dedo para rascarse las pulgas, tuvo éste que optar por meterse lego dominico y hacer milagros. Dios sobre todo, como el aceite sobre el agua.
Recurrieron entonces a Dios y le enviaron una ferviente oración: un genio se les apareció entonces, tocó con el dedo su trozo de pan, derramó el aceite de su lámpara y desapareció.
El pan y el aceite les duraron siete años sin agotarse en absoluto, y el pan siguió siempre tan fresco como en el mismo momento en que bajaron los mineros a la mina.