Ejemplos ?
-preguntó el Prior tímidamente. - Si la rehusa acudiré al Papa, con cuya amistad me honro, y el Papa lo convencerá mejor que yo. - ¡El Papa!
-Sí; el Papa en persona -no como hoy su estatua, sino él mismo, en carne y hueso, porque todavía Roma le pertenece- es quien, en presencia de una multitud que palpita de entusiasmo, va a arrodillarse allí, delante la cuna donde, sobre mullida paja, descansa y sonríe el Niño.
«Guillermo el Conquistador, cuya causa era apoyada por el Papa, fue aceptado muy pronto por los ingleses, que necesitaban un jefe y estaban ha tiempo acostumbrados a usurpaciones y conquistas.
-exclamó el Prior. - ¡Sí, padre; el Papa! -repitió Rubens. - ¡Ved por lo que no os diría el nombre de ese pintor aunque lo recordase!
Es la noche del 24 de diciembre: ya la grave campana de Santángelo se prepara a herir doce voces el aire y la carroza pontifical, sin escolta, sin aparato, se detiene al pie de la escalinata de Trinità. El Papa desciende, ayudado por sus camareros, apoyando con calma el pie en el estribo.
Y en todas las ciudades del orbe se teatraliza con la felicidad. En la televisión el Papa compite por el raiting con las demás estrellas...
Se llevó el dedo a la boca, y eso es lo que me ha hecho reír. Le respondió el Papa: ─ Amable, eres tú más virtuoso y más santo que yo.
Aquella le cocía y comía los ojos y la lengua y el cogote y sesos y la carne que en las quijadas tenía, y dábame todos los huesos roídos, y dábamelos en el plato, diciendo: “Toma, come, triunfa, que para ti es el mundo. Mejor vida tienes que el Papa.” “¡Tal te la de Dios!”, decía yo paso entre mí.
Y encontrándose con otro de los suyos en el campo, le decía arqueando las cejas y manifestando en el semblante toda la admiración de su ánimo: Jesús hermano, que cosas tan grandes he oído al hombre docto en la ciudad sobre lo que puede el común; diz que puede más que el rey y a veces más que el Papa.
¡Ved por lo que no os diré a qué convento se ha refugiado! - Pues bien, padre, ¡el Rey y el Papa os obligarán á decirlo! (respondió Rubens exasperado.) -Yo me encargo de que así suceda.
Entra, por fin, en la Basílica; cruza las naves, desciende la escalera dorada que conduce a la cripta, y mientras a sus espaldas la guardia brega para reprimir el empuje del torrente humano que pugna por arrimarse a la balaustrada, en el recinto descubierto, más bajo que la multitud, el Papa queda solo.
Van a cumplirse dos años de la fecha venturosa en que Su Santidad el Papa Pío XII, ante una grandiosa representación de la Asociación Católica de Trabajadores Italianos (ACLI), declaró la solemne institución de la Fiesta de San José Obrero para el día Primero de Mayo.