ego


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ego

(Del lat. ego, yo.)
1. s. m. SICOLOGÍA Instancia síquica que, en el sicoanálisis de Freud, se reconoce como «yo» y media entre los instintos del «ello», los ideales del «super yo» y la realidad del mundo externo.
2. Calidad de soberbio o arrogante tiene mucho ego.

ego

 
m. psicol. El yo individual, considerado en su aspecto consciente. Se ocupa de la realización de las actividades psíquicas y del control de los impulsos del ello para adecuarlos a las posibilidades de la realidad externa.
antrop. En el análisis del parentesco, la persona que se toma como punto de partida.

-ego, -ega

 
Sufijo que entra en la formación de escasos adjetivos que indican origen o pertenencia: manchego.

ego

('eγo)
sustantivo masculino
1. psicología instancia psíquica que se reconoce como "yo" patologías del ego
2. aprecio excesivo de alguien por sí mismo tener un gran ego
Sinónimos

ego

sustantivo masculino
(filosofía) yo.
Combinado con el artículo el, o el posesivo, yo equivale a ego, entendido como sujeto humano en cuanto persona. Ejemplo: el yo aparece en la conciencia infantil después del trato con otras personas.

ego:

inmodestiaengreimiento, presunción, aires, arrogancia, altivez, yo, soberbia,
Traducciones

ego

ego

ego

ego

ego

ego

ego

ego

ego

Его

ego

自我

ego

ego

ego

ego

ego

האגו

ego

自我

ego

Ego

ego

SMego

e·go

m. ego, the self, human consciousness.

ego

m ego (lay sense)
Ejemplos ?
Pero no me digo, "así soy yo", porque si alguna vez pensara en mí mismo de tal manera, no sería verdad que he escapado de la ilusión del ego.
Y tal fue el grito que dio que la nina malpario y nopudo declr fie. EL CI EGO DE LA MERCED 6/ Quien se quisiere exaltar se ha de procurar rendir, que la razon del subir consiste en la del bajar.
Ciertamente, no tienen expresiones adecuadas para poder interpretar y acomodar las cuatro puertas que están abiertas para los que entran y salen, a semejanza del mundo, así como las tuvieron, por lo menos, para poderlo decir de Jano Brifonte, en boca del hombre si no es que los socorra Neptuno dándoles partes de un pez, que además de la abertura de la boca y de la garganta tengan también otras dos a la diestra y a la siniestra, y, sin embargo de tantas, puertas, no hay alma que se pueda escapar de tal ilusión, si no es la que oye a la misma verdad, que le dice: Ego sum Janus.
Un conocimiento que no se refine y concentre a sí mismo para ser llevado por la voluntad, o, en otras palabras, un conocimiento que cargue solo como el tener y la posesión, en vez de haber ido simplemente consigo mismo para que el libre movimiento del Ego no sea molestado por ninguna posesión lastrante, pasando ante el mundo como un espíritu libre, tal conocimiento entonces, que no ha llegado a ser personal, proporciona una preparación pobre para la vida.
Uno podía de hecho ser igual a otros y emancipado de su autoridad; pero de la igualdad consigo mismo, de la igualación y de la reconciliación de nuestro hombre transitorio y eterno, de la transfiguration de nuestro naturalidad a la espiritualidad, en fin, de la unidad y de la energía suprema de nuestro ego, que es autosuficiente puesto que no deja nada del exterior a sí mismo existir: apenas ninguna sentencia sobre ella podía ser reconocida en ese principio.
El temblor de un rezo pasó por las luengas barbas, que salían del misterio de las capuchas, y en aquel momento yo sentí el deseo de arrodillarme y besar la mano del Prior. Aquella mano que sobre todos mis pecados podía hacer la cruz: Ego te Absolvo.
El de la Guerra está en su elemento; estos días se andaba buscando uno para Estado, o para Hacienda, como quieras entenderlo, pero vaya usted a saber dónde estará metido; con respecto al de Marina, ya oirías que se trataba de hacer ministro de Marina al señor de Galiano, a causa de que habla muy bien, pero como el ministro ha cortado la conversación, dudo mucho que insistan en eso; Su Excelencia se quedaría hablando con las olas y diciéndoles el quos ego de Virgilio, y por cierto que lo aprecio demasiado para desearle que le hagan ministro.
-El pleito, sin novedad.» A los quince días de echada esta carta en la estafeta del lugar, recibió el solariego esta otra en rico papel con cantos dorados: «Mi querido Silvestre: Ego sum, amigo mío; yo soy el que buscas, el que estudió contigo en la villa, el que te debe dos reales y medio y unos tirantes de goma.
Ensáñense en ellas los alguaciles del Diccionario, que no otra cosa son los critiquizantes que andan á la pesca de) casticismo palabrero. Lo que más cautiva en los versos de Ego Potíbio es la ri- queza de rima.
Vida, luz y verdad, tal triple llama produce la interior llama infinita. El Arte puro como Cristo exclama: ¡Ego sum lux et veritas et vita!
Que las decepciones no envenenen un día su espíritu, aleje Dios de sus labios la hiél del sarcasmo y, los que amamos los versos graciosos y ligeros, nos prome- temos que la juguetona musa de Ego Polibio nos regalará con producciones más limadas y de mayor aliento que las Zanaho- rias y Remolachas.
Amo tu moverse obligatorio por el precio que te diera la compra satisfecha y tu angustia delirando si las hacías en otro lecho que te alivianara el ego para olvidar la tempestad rugiente de mis excesos.