duende


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duende

(Derivado de duen de [casa], dueño de la casa.)
1. s. m. MITOLOGÍA Ser fantástico que, según la tradición, habita en algunas casas, donde hace ruido y mueve las cosas. trasgo
2. LITERATURA Ser fantástico de los cuentos que gasta bromas a los humanos o les ayuda en sus quehaceres.
3. Niño travieso.
4. andar alguien como duende coloquial Aparecer una persona en lugares o momentos inesperados.
5. tener duende coloquial 1. Tener gracia o encanto o misterio: esa muchacha tiene duende. 2. Tener alguna preocupación.

duende

 
m. Espíritu que el vulgo supersticiosamente cree que habita en algunas casas y que travesea.
Hechizo, embeleso, encanto.

duende

('dwende)
sustantivo masculino
1. ser fantástico en forma de persona de pequeño tamaño que causa desórdenes Hay gente que cree en los duendes.
2. insulsez encanto difícil de expresar que se desprende de una persona bailar con mucho duende
Sinónimos

duende

sustantivo masculino
Traducciones

duende

Kobold

duende

lutin

duende

duende

duende

SM
1. (= elfo) → goblin, elf
duende de imprentaprinter's devil
2. (= niño travieso) → imp
3. (= encanto) → magic
tiene duendeit has a certain magic
4. (Inform) → gremlin
Ejemplos ?
De la cascada sobre las ondas, cuál se columpia, cuál cabriola. Y un duende enano, de copa en copa, va dando brincos, y no las dobla.
Es una cosa que ponen en la parte inferior de los periódicos y que la gente recorta; tengo motivos para creer que hay más en mí que en el estudiante, y esto que comparado con el tendero no soy sino una cuba de poco más o menos. Luego el duende colocó el pico en el molinillo de café.
Pero el padre, el viejo duende de Dovre, era realmente muy distinto. Supo contar bellas historias de los altivos acantilados nórdicos y de las cataratas que se precipitan espumeantes con un estruendo comparable al del trueno y al sonido del órgano; y habló del salmón que salta avanzando a contracorriente cuando el Nöck toca su arpa de oro.
Mi querido tío, usted habrá sentido en sueño de Epiménides: Usted ha vuelto de entre los muertos a ver los estragos del tiempo inexorable, de la guerra cruel, de los hombres feroces. Usted se encontrará en Caracas como un duende que viene de la otra vida y observará que nada es de lo que fue.
eñor Duende: Aunque ignoro quién seáis y qué clase de espíritu y de qué punto habéis salido, como tenéis al frente un redactor que sin duda os comunicará lo que se os escriba, no tengo dificultad en atreverme a manifestaros por su conducto el gozo que me ha cabido de ver que hay un ente que osa despreciar cuanto puede acaecerle por criticar lo que es risible.
Seguramente el estudiante había soplado la vela para acostarse; pero el duende seguía en su sitio, pues continuaba oyéndose el canto, dulce y solemne, una deliciosa canción de cuna para el estudiante, que se entregaba al descanso.
Yo, deslumbrado al ver tanta fantasía, me armé de confianza y pregunté a uno de aquellos duendecillos: —Pequeño duende, podrías decirme ¿en dónde estoy y quienes son ustedes?
rase una vez un estudiante, un estudiante de verdad, que vivía en una buhardilla y nada poseía; y érase también un tendero, un tendero de verdad, que habitaba en la trastienda y era dueño de toda la casa; y en su habitación moraba un duendecillo, al que todos los años, por Nochebuena, obsequiaba aquél con un tazón de papas y un buen trozo de mantequilla dentro. Bien podía hacerlo; y el duende continuaba en la tienda, y esto explica muchas cosas.
ierto día un duende malo, el peor de todos, puesto que era el diablo, estaba muy contento porque había preparado un espejo que tenía la propiedad de que todo lo bueno, bonito y noble que en él se reflejaba desaparecía, y todo lo malo, feo e innoble aumentaba y se distinguía mejor que antes.
Pero Juan se volvió una vez más a contemplar la vieja iglesia donde recibiera de pequeño el santo bautismo, y a la que había asistido todos los domingos con su padre a los oficios divinos, cantando hermosas canciones; en lo alto del campanario vio, en una abertura, al duende del templo, de pie, con su pequeña gorra roja, y resguardándose el rostro con el brazo de los rayos del sol que le daban en los ojos.
Uno bebe menos que dos, y esto es siempre un ahorro, un ahorro que voy a introducir, aparte que respetaré a la señora. -Es exactamente como los hombres este duende -observó el viejo gato-.
Queremos que vengan todos los viejos trasgos de primera categoría, con cola, el Genio del Agua y el Duende y, a mi entender, no debemos dejar de lado al Cerdo de la Tumba, al Caballo de los Muertos y al Enano de la Iglesia, todos los cuales pertenecen al elemento clerical y no a nuestra clase.