Ejemplos ?
¡Me voy, que el Desconocido eterno me llama desde el camino! »Cómo me duele su pisada, resonando en mi pecho! »—¡Y el viento se levanta y se lamenta el mar!
-Sí que es verdá eso, madrina, diga usté que sí, y que ya me duele a mí tamién la boca de cantarle las mismas carceleras con el mismísimo acompañamiento.
-Y si yo no digo que sea mala... Pero vamos a dejar a la comadre, que ahora es usté la que a mí más me interesa, y la que más me duele y la que más me lastima.
- repúsole Joseíto, mirándole con extrañeza, y después - no, señó, a mí no me duele naita - continuó con acento ligeramente desabrido.
La monja acudió. El médico me descubrió el brazo hasta el hombro, y deslizó sus dedos oprimiéndolo: Sorprendido levantó la cabeza: —¿No duele?
Y según cuenta a todo el que lo quiere oír el dueño de la barbería, jamás tuvo tantas probabilidades de saber por experiencia lo que duele una bofetada del tío Cáncamo el novio de Dolores, Pepillo el Perejilero.
¡A mí no me gobierna ni me engaña nadie! ¡Diablo, y cómo me duele esta pierna! -Señor Capitán, usted nos insulta -exclamó la Generala destempladamente.
Se encogió de hombros el señor Curro y dirigiéndose hacia el otro extremo del taller, detúvose delante de Joseíto el Clavicordio, el más íntimo de los camaradas de Cayetano, que armado de martillo y formón trabajaba silencioso y con la frente fruncida. -¿Qué? ¿te duele a tí también la cabeza? - le preguntó, deteniéndose a su lado y mirándole irónicamente el Trebujena.
-¿Qué, te sientes mejor? -Sí, que me duele muchísimo menos. -Como que el tío Clavija tiée en cá deo un bote e bársamo pa eso de curar jerías, camará, que no he visto yo nunca más santas pa estas cosas; verdá es que lo tuyo, felizmente, no es cosa que merezca tratamiento.
Los ojos del Zorzales centellearon de amor y tras algunos momentos de silencio, murmuró con voz sorda: -Pos lo que más me duele de to es no saber si se ha puesto u no más peorsilla con la pícara noticia.
de los apellidos "de orden".) -Señores: en medio de la tribulación que nos aflige, y prescindiendo de consideraciones políticas acerca de los tristísimos acontecimientos de ayer, paréceme que en modo alguno podemos quejarnos... -¡No te quejes tú, si es que nada te duele!...
Atenta, prestó oído al tumulto del mar, bajó su hermosa frente que los años besaron y en dolorosos términos sus labios declararon su lóbrego destino que duele recordar: «Hace ya mucho tiempo, cuando yo sostenía »trato con los vivientes y escuché sus ternuras, »igual que el mar bravío junto a esas sepulturas »con ira lamentáronse de mi pétrea apatía.