domador de caballos

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domador de caballos

domatore di cavalli
Ejemplos ?
Y Ayante, vociferando, al eximio Polidamante le decía: —Reflexiona, oh Polidamante, y dime sinceramente: ¿La muerte de ese hombre no compensa la de Protoenor? No parece vil, ni de viles nacidos, sino hermano o hijo de Antenor, domador de caballos pues tiene el mismo aire de familia.
Por allí pasaron, el uno huyendo y el otro persiguiéndole: delante, un valiente huía, pero otro más fuerte le perseguía con ligereza; porque la contienda no era sobre una víctima o una piel de buey, premios que suelen darse a los vencedores en la carrera, sino sobre la vida de Héctor, domador de caballos.
Pero levantaos y mirad, pues yo no lo distingo bien: paréceme que el que viene delante es un varón etolo, el fuerte Diomedes, hijo de Tideo, domador de caballos, que reina sobre los argivos.
Levantado el túmulo, volviéronse: y reunidos después en el palacio del rey Príamo, alumno de Zeus, celebraron el espléndido banquete fúnebre. Así celebraron las honras de Héctor, domador de caballos.
En otra parte el espantoso Mecencio blandía en una mano su enorme lanza etrusca, y en la otra humeante tea, mientras Mesapo, domador de caballos, hijo de Neptuno, abre una brecha en la empalizada y pide escalas para trepar al muro.
Ceñida una corta trábea con el báculo quirinal en la diestra y embrazada en el izquierdo una rodela, sentábase allí Pico, el domador de caballos, a quien su amante Circe, loca de celos, hirió con su vara de oro, y con influjo de sus venenos le convirtió en ave de pintadas plumas.
Lauso, domador de caballos y terror de las fieras, capitanea en vano mil guerreros de la ciudad de Agila; mancebo digno de mejor fortuna en el trono y de no tener por padre a Mecencio.
Sale el primero el ejército ausonio, cuyas armadas haces se extienden por el llano desde las puertas que llenan su muchedumbre; en seguida todo el ejército troyano y el tirreno, con diversas armas, se precipitan también de sus reales, no de otra suerte armados cual si los aguardase recia batalla: por entre las apiñadas filas circulan rápidamente, con vistosos arreos de oro y púrpura, los capitanes Mnesteo, del linaje de Asáraco, y el fuerte Asilas y Mesapo, domador de caballos...
En viendo a aquél, el rey Agamemnón le reprendió, profiriendo estas aladas palabras: —¡Ay hijo del aguerrido Tideo, domador de caballos!
Seguid el alcance, esforzaos, para ver si nos apoderamos del escudo de Néstor, cuya fama llega hasta el cielo por ser de oro, sin exceptuar las abrazaderas, y le quitamos de los hombros a Diomedes, domador de caballos, la labrada coraza que Hefesto fabricara.
Cuando llegaron al sitio donde estaba el fuerte Diomedes, domador de caballos, con los más y mejores de los adalides, que parecían carniceros leones o puercos monteses, cuya fuerza es grande, se detuvieron; y Hera, la diosa de los níveos brazos, tomando el aspecto del magnánimo Esténtor, que tenía vozarrón de bronce y gritaba tanto como cincuenta, exclamó: —¡Qué vergüenza, argivos, hombres sin dignidad, admirables sólo por la figura!
Cuando Ares, funesto a los mortales, los vio venir, dejando al gigantesco Perifante tendido donde le matara, se encaminó hacia el divino Diomedes, domador de caballos.