doña

doña

(Del lat. domina, dueña.)
s. f. Tratamiento de respeto que se antepone al nombre de pila ama a doña Inés.

doña

 
f. Tratamiento de respeto y cortesía que se aplica a las mujeres y precede a su nombre propio.
Traducciones

doña

Frau

doña

signora

doña

Doña

doña

SF Doña Alicia PérezMrs Alicia Pérez
¿está doña Alicia?is Mrs Pérez in? DON/DOÑA
Ejemplos ?
Sólo había abierto hasta entonces la boca, antes de comenzarse la dolorosa operación, para dirigir las breves y ásperas interpelaciones a doña Teresa y a Angustias, contestando a sus afectuosos buenos días.
Iba a responder doña Teresa, apelando al ímpetu belicoso en que consistía su única debilidad (y sin hacerse cargo, por supuesto, de que el pobre don Jorge estaba sufriendo horriblemente), cuando, por fortuna, llamaron a la puerta, y Rosa anunció al Marqués de los Tomillares.
Convenido en Vergara, aunque fuese de un modo virtual, retrospectivo e implícito, como en mis instancias se dice, el cual debió su título de Conde de Santurce a un real nombramiento de don Carlos V, que tiene que realizar doña Isabel II, al tenor del artículo 10 del Convenio de Vergara.
-se atrevió a preguntar don Jorge, no concibiendo que Angustias supiese cosas que sólo a él, y momentos antes de expirar, había referido doña Teresa.
El resto de la frase se perdió en la distancia, y así quedó todo por algunos minutos, hasta que sonaron otra vez pasos, y oyóse al mismo hombre que decía, como despidiéndose: Celebraré que usted se mejore y tranquilice...; y a doña Teresa que contestaba: Pierda usted cuidado..., después de lo cual volvió a sentirse abrir y cerrar la puerta y reinó en la casa profundo silencio.
Entretanto, doña Teresa, y sobre todo la locuacísima Rosa (que cuidó mucho de nombrar varias veces a su ama con los dos títulos en pleito), enteraron, velis nolis, al ceremonioso Marqués, de todo lo acontecido en la casa y sus cercanías, desde que la tarde anterior sonó el primer tiro hasta aquel mismísimo instante, sin omitir la repugnancia de don Jorge a dejarse cuidar y compadecer por las personas que le habían salvado la vida...
El Capitán estaba espantado, con la boca abierta, mirando alternativamente a Angustias, a doña Teresa y a la criada; y, cuando la joven dejó de hablar, cerró los ojos, dio una especie de rugido y exclamó, levantando al cielo los puños: -¡Ah, crueles!
¿Es que ha venido alguno durante mi ausencia? El Capitán iba a responder que sí, cuando doña Teresa había contestado apresuradamente: -¡No!
Conque pueden ustedes acostarse y disponer, en cuanto sea de día, que me conduzcan en una camilla al Hospital general. He dicho. -¡Jesús, qué hombre! -exclamó horrorizada doña Teresa. -¡Así debían ser todos! -respondió el Capitán-.
-No, güenas jechuras no diré yo que tenga; pero en tocante a lo de simpatías, lo que es de eso tiée pa repartir a los más necesitaos, que no son pocos, mi señora doña Pepa la Giribaldina.
¡Estas chiquillas se lo quieren saber todo! ¿Pues ignora usted que doña Teresa acababa de enajenar una joya de muchísimo mérito?...
¿Qué necesidad tenían de conocer al empecatado Capitán Veneno? Doña Teresa miró a su hija, como para significarle que aquel hombre era mucho menos malo y feroz de lo que él creía, y se halló con que Angustias seguía sonriéndose con exquisita gracia en señal de que opinaba lo mismo.