divino

(redireccionado de divinas)
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divino, a

(Del lat. divinus.)
1. adj. Se refiere a dios o a los dioses se abandonaron a la voluntad divina. divinal
2. Que es muy bueno, exquisito el asado está divino; su última novela es divina. excelente

divino, -na

 
adj. Relativo a Dios.
fig.Muy excelente, primoroso.

divino, -na

(di'βino, -na)
abreviación
1. humano relativo a los dioses mensaje divino
2. feo que es muy bueno, maravilloso una casa divina
3. desagradable que destaca por su belleza o encanto Es un muchacho divino.
Sinónimos

divino

, divina
adjetivo
divo (formal), sacro, sagrado, sobrenatural.
«Aplicado a los dioses paganos, a los emperadores que recibían honores de dios y, también, a algunos personajes ilustres de la Roma antigua.»
María Moliner
Traducciones

divino

divine

divino

divin

divino

divino

divino

Goddelijke

divino

θεία

divino

divino

신성한

divino

A. ADJ
1. (Rel) → divine
2. (= precioso) → divine, lovely
la casa es divinathe house is lovely o divine
B. ADV pasarlo divinoto have a wonderful time
Ejemplos ?
Todos fijan en él cuando interpreta las leyes divinas con rectas sentencias y él con firmes palabras en un momento resuelve sabiamente un pleito por grande que sea.
Apruebo la distinción que ha hecho de los dos amores, pero creo haber descubierto por mi parte, la medicina, que el amor no reside solamente en el alma de los hombres, donde tiene por objeto la belleza, sino que también tiene otros muchos objetos, que se encuentran en muchas otras cosas, en los cuerpos de todos los animales, en los productos de la tierra, en una palabra, en todos los seres; y que la grandeza y las maravillas del dios se manifiestan en todo, lo mismo en las cosas divinas que en las humanas.
Debemos, pues, distinguir cuidadosamente estos dos amores en la medicina, en la música y en todas las cosas divinas y humanas, puesto que no hay ninguna donde no se encuentre.
Pero cuando habla en serio y se abre, no sé si otros habrán visto las bellezas que guarda en su interior; yo sí las he visto y me han parecido tan divinas, tan grandes, tan preciosas y tan seductoras, que creo es imposible resistirse a Sócrates.
Honraron con unas hojas de laurel una frente; dieron satisfacción con una insignia en el escudo a un linaje; pagaron grandes y soberanas vitorias con las aclamaciones de un triunfo; recompensaron vidas casi divinas con una estatua; y para que no descaeciesen de prerrogativas de tesoro los ramos y las yerbas y el mármol y las voces, no las permitieron a la pretensión, sino al mérito.
Bajo este principio él te acusa de introducir en la religión opiniones nuevas, y con eso viene a desacreditarte ante este tribunal, sabiendo bien que el pueblo está siempre dispuesto a recibir esta clase de calumnias. ¿Qué me sucede a mí mismo, cuando en las asambleas hablo de cosas divinas y predigo lo que ha de suceder?
LEÓN Portilla, Miguel, Nezahualcoyotl, Poeta, Arquitecto, Legislador y Sabio de las Cosas Divinas, Artes de México, México, 1972.
Con este motivo, y vista mi actitud, toda la familia se subleva contra mí, porque mediando un asesino acuso a mi padre de un homicidio, que ellos pretenden que no ha cometido, y aun dado caso de que le hubiera cometido, sostienen que yo no debería perseguirle, puesto que el muerto era un malvado y un asesino, y que por otra parte es una acción impía que un hijo persiga a su padre criminalmente. ¡Tan ciegos están sobre el conocimiento de las cosas divinas, y tan incapaces para discernir lo que es impío de lo que es santo!
Sócrates: Dime, ¿para qué puede servir la santidad, éste cuidado de los dioses? Es claro, tú debes saberlo; tú que pretendes conocer las cosas divinas mejor que nadie en el mundo.
No hay de que te admires cuando te digo que ninguno puede hacer injuria al sabio, pues tampoco le puede nadie aprovechar, porque al que lo es, ninguna cosa le falta que pueda recibir en lugar de dádiva, y el malo no puede dar cosa alguna al sabio; porque para que pueda dar, ha menester tener; y es cosa cierta que no tiene cosa de que el sabio pueda tener gusto en recibirla; según lo cual, ninguno puede ofender ni beneficiar al sabio; al modo que las cosas divinas ni desean ser ayudadas, ni pueden en sí ser ofendidas.
Pues este cuerpo es un peso y una pena del alma; bajo su peso, el alma se oprime y queda prisionera, si ya entonces no ve en su ayuda la filosofía a hacerla respirar en el espectáculo de la naturaleza, y a levantarla de las cosas terrenas a las divinas.
Y ante hombres y mujeres redivivos, malvados del poder y la hipócrita política, agiotistas de las hambres y el abuso, calañas del engaño y las promesas, falsarios de divinas esperanzas, impíos tiranos, atónitas quedarán las multitudes, temblorosas de la furia arrasadora que hará vomitar todas sus pestes ante el jueceo supremo, -¡Ohuaya Teotl!- el castigo a sus falacias usureras.