Ejemplos ?
Pus lo que me contesta el arma mía es que me trae el retrato de su padre, que de Dios haiga, y como ese retrato se lo jizo mi Antonio cuando estaba entoavía en la seca del colorín, pos es natural, el probetico mío está en él pa que lo jechen en espíritu de vino. -¡Pos diga usté que es usté la mar de afortunaílla con su nena!
-No, pos lo que es en este caso -dijo el tabernero, que, al barruntar la al parecer conjurada pelea, habíase acercado al grupo- no es el Petaca el que está en lo firme, que no es el más valiente el que da más puñalás, que casos hay en que no darle a un gachó un crujío es siete veces más de macho que zumbarle la pandereta. -Diga usté que sí -exclamó el Velones con aire sentencioso-.
Efectivamente, por más que se diga de un individuo, desde que nace hasta que muere, que vive y que es siempre el mismo, en realidad no se encuentra nunca en el mismo estado ni en la misma envolvente, sino muere y renace sin cesar en sus cabellos, en su carne, en sus huesos, en su sangre, en una palabra, en todo su cuerpo, y no solamente en su cuerpo, sino también en su alma; sus hábitos, costumbres, opiniones, deseos, placeres, penas, temores y todas sus afecciones no permanecen nunca los mismos; nacen y mueren continuamente.
¡Justifícase, por consiguiente, que, al sentir que me muero, le haya llamado a usted para despedirme, y que, con las manos cruzadas, y llorando por la última vez en mi vida, le diga a usted, desde el borde del sepulcro: "¡Capitán: sea usted el tutor, sea usted el padre, sea usted un hermano de mi pobre huérfana!...
-replicó don Jorge, dejando de tirar al florete; pero quedándose en primera guardia. -Poco será lo que le diga... -profirió Angustias, volviendo a su grave entonación-, y ese poco...
Pues es muy sencillo. ¡Los dos nos queremos!... Y no me diga usted que me equivoco, porque eso sería faltar a la verdad. Y allá va la prueba.
Y al ver que Rosarito encogíase de hombros, continuó: -Pos mira, yo voy y se lo digo pa que al hombre le dé un sopitapando de gusto. ¿Estás tú conforme con que yo vaya y se lo diga?
-Como que estoy que me pelo con ese hombre, porque es que tó cuanto se diga de él es poco; y aluego lo apegao que es a la mugre, como que es que no se puée estar a su vera: las uñas con velillo, las orejas con velillos, el cogote con velillo...
Dentro de quince días sabré música y tocaré la corneta de llaves. Ramón se echó a reír. --¿Qué más queréis que os diga, hijos míos? En quince días...
-Poique tamién dos de los bichos que yo le di no eran de los de circulación forzosa. -Me alegro que me lo diga usté, porque asín si jacemos trate le miraré yo a los bichos jasta er cielo de la boca.
-Pos diga usté, compadre, que lo que se le ha metío a usté en el corazón es un tempora deshecho, y si es asín, nos que sea lo que quiera un divé, y a la parroquia, a aprovechar lo que le quea de cuerda al reló, que no será mucha, que han sío ya muchas las horas y muchos los cuartos que ha dao en este valle de lágrimas.
¡Por Júpiter!, le interrumpió Cebes; me has hecho recordar que algunos, y entre ellos en último término Eveno, me han preguntado con motivo de las fábulas de Esopo, que has puesto en verso, y de tu himno a Apolo, ¿cómo se te ha ocurrido componer uno en tu vida? Si tienes ganas de que conteste a Eveno, cuando me haga la misma pregunta, que estoy seguro me hará, ¿qué quieres que le diga?