Ejemplos ?
Dijérase que aquella diosa honrada de la clase media había estudiado su modo de vestirse, de peinarse, de mirar, de moverse, de conllevar, en fin, los tesoros de su espléndida juventud en tal forma y manera, que no se la creyese pagada de sí misma, ni presuntuosa, ni incitante, sino muy diferente de las deidades por casar que hacen feria de sus hechizos y van por esas calles de Dios diciendo a todo el mundo: Esta casa se vende...
Le enderezaron, le echaron agua por la faz cérea y contraída -estaba desvanecido-, y al verle entreabrir los párpados, porfiaron con duro tono. El viejo movía la cabeza, diciendo que no, y que no, débilmente.
-El tiro que sonó primero -prosiguió diciendo la llamada Angustias-, y a que han contestado las tropas de la Puerta del Sol, debió de dispararlo desde la buhardílla del número 19 un hombre muy feo, a quien estoy viendo volver a cargar el trabuco...
El mancebo volvió con recado de escribir. - ¡Siéntate! (continuó su amo.) -Ahora, escribe las cantidades que yo te vaya diciendo. Divídelas en dos columnas.
-continuó diciendo, o más bien tartamudeando, aquel héroe de cien combates, de quien tanto se prendó la joven madrileña al verlo revolverse como un león entre cientos de balas-.
Concluyo diciendo que, de todos los dioses, el Amor es el más antiguo, el más augusto y el más apto para hacer virtuoso y feliz al hombre durante su vida y después de su muerte».
-Pero qué está usté diciendo, comadre; si el Pepe y el Toñuelo estaban cuasi injertaos por la voluntá que se tenían, si cuando dambos tenían tos bastaba con que uno cualisquiera de ellos tomara el jarabe y sudara el costipao.
Subióse al pie del altar y de allí decía cosas maravillosas, diciendo que por la poca caridad que había en ellos había Dios permitido aquel milagro y que aquella cruz había de ser llevada a la santa iglesia mayor de su Obispado; que por la poca caridad que en el pueblo había, la cruz ardía.
Y diciendo esto sacó la Golondrina de su seno una carta rugosa que entregó a Paco el Piri, el cual, tras posar una mirada en el papel, -Léala usté -repúsole con acento sombrío-, que yo no sé leer esa letra, que parece un enrejao.
Conforme le diba diciendo, la Rafaela está por Cayetano y Cayetano está al cabo de la calle de que la chavalilla está rabiando por tener un güen mantón pa los días de repique, y el otro día, al enterarse de que la señá Trini la Petaquera quería vender el suyo que, según ella, le costó a su hombre cuando se casó, cerca de cien machacantes, pos Cayetano se fué a verla, a ver si podía jincarle el diente, y endispués de una semana de chalaneo, ha conseguío que la Trini se lo dé en treinta chuscos, quince al contao y el resto a dos duros por semana.
Y Clotilde, pensando en aquello, perdía poco a poco el apetito y el sosiego y tenía siempre llena la cabeza de celosas cavilosidades que el señor Cristóbal parecía querer aventar muchas veces, diciendo: -¡No seas asín, mujer, no seas tonta, que estás tonta der to!
«El Niño Dios me está diciendo que hice bien, muy bien...» La sonrisa volvió a sus labios, aunque sus ojos estaban anegados en un llanto que no corría.