desventura


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desventura

1. s. f. Situación o suceso que causa una adversidad o un sufrimiento resulta difícil superar tanta desventura. infortunio
2. Estado del que está sumido en la tristeza consolar en la desventura.

desventura

 
f. Desgracia (desdicha).

desventura

(desβen'tuɾa)
sustantivo femenino
suceso que va en contra del deseo o los intereses de una persona Ulises sufrió muchas desventuras en su camino de regreso.
Sinónimos

desventura

Traducciones

desventura

misfortune

desventura

SFmisfortune
Ejemplos ?
Dicho esto, que no es fórmula oratoria de cortesía, sino expresión del antiguo y alegado afecto que le profesa mi alma, tengo que cumplir con usted otro deber sagrado, cuyo tenor es el siguiente: El procurador o agente de negocios de su difunta madre, al notificarme hoy la penosa nueva, me ha dicho que cuando, hace dos semanas, fue a poner en su conocimiento la desfavorable resolución del expediente de la viudedad, y a presentarle las notas de nuestros honorarios, tuvo ocasión de comprender que la señora poseía apenas el dinero suficiente para satisfacerlos, como por desventura los satisfizo en el acto...
Así que, no habiéndote quitado la mala suerte las esperanzas de verte libre, y, con todo esto, verte rendido a dar miserables muestras de tu desventura, no es mucho que imagine que tu pena procede de otra causa que de la libertad que perdiste; la cual causa te suplico me digas, ofreciéndote cuanto puedo y valgo; quizá para que yo te sirva ha traído la fortuna este rodeo de haberme hecho vestir deste hábito que aborrezco.
Admirados quedaron de tanta cristiandad los abuelos, pero la madre quedó más admirada; porque, habiendo con las nuevas del cirujano sosegádose algún tanto su alborotado espíritu, miró atentamente el aposento donde su hijo estaba, y claramente, por muchas señales, conoció que aquella era la estancia donde se había dado fin a su honra y principio a su desventura...
ISABEL. ¡Tú me has perdido! La desventura sigue tus pisadas. ¿Dónde mi esposo está? Dímelo pronto, para que fiel a socorrerle vaya, y a fuerza de rogar venza sus iras.
En favor de Mauricio se declara mi tío, que procura su provecho; el Príncipe, que tanto amarme jura, muéstrelo en remediar mi desventura; que pues su Alteza no ha de ser mi esposo, y querer mi deshonra es no quererme, es en esta ocasión lance forzoso, buscar quien pueda honrarme y defenderme.
-Pues ¿por cuáles quieres que diga -repitió Ricardo-, si no hay otras que a los ojos por aquí se ofrezcan?-Bien tendrás que llorar -replicó el turco-, si en esas contemplaciones entras, porque los que vieron habrá dos años a esta nombrada y rica isla de Chipre en su tranquilidad y sosiego, gozando sus moradores en ella de todo aquello que la felicidad humana puede conceder a los hombres, y ahora los ve o contempla, o desterrados della o en ella cautivos y miserables, ¿cómo podrá dejar de no dolerse de su calamidad y desventura?
-Quince años -respondió la gitana-, dos meses más a menos. -Esos tuviera agora la desdichada de mi Costanza. ¡Ay, amigas, que esta niña me ha renovado mi desventura! -dijo la corregidora.
-Escucha, pues -dijo Ricardo-; mas no sé si podré cumplir lo que antes dije, que en breves razones te contaría mi desventura, por ser ella tan larga y desmedida, que no se puede medir con razón alguna; con todo esto, haré lo que pudiere y lo que el tiempo diere lugar.
Castigué mis cabellos, como si ellos tuvieran la culpa de mi yerro; martiricé mi rostro, por parecerme que él había dado toda la ocasión a mi desventura; maldije mi suerte, acusé mi presta determinación, derramé muchas e infinitas lágrimas, vime casi ahogada entre ellas y entre los suspiros que de mi lastimado pecho salían; quejéme en silencio al cielo, discurrí con la imaginación, por ver si descubría algún camino o senda a mi remedio, y la que hallé fue vestirme en hábito de hombre y ausentarme de la casa de mis padres, y irme a buscar a este segundo engañador Eneas, a este cruel y fementido Vireno, a este defraudador de mis buenos pensamientos y legítimas y bien fundadas esperanzas.
- te cupo ser astro de mi desdoro; yo te abomino y te adoro y de rodillas te escupo! Acude a mi desventura con tu electrosis de té, en la luna de Astarté que auspicia tu desventura...
Yo, a pesar de mis esfuerzos, lloré tanto, que no tuve más remedio que cubrirme con mi manto para desahogarme llorando, porque no lloraba por la desventura de Sócrates, sino por mi desgracia al pensar en el amigo que iba a perder.
Un hambre infinita principiaba a invadirme. No encontraba explicación alguna ante aquella desventura. Comenzando a presentir extraños peligros, caminé lentamente, pero no sentía moverme, como si tuviera miedo de pisar devoradoras arenas movedizas… Y sin embargo, allí iba, sin saber a dónde ni en dónde, en extraña parálisis móvil.