Ejemplos ?
Había entonces en él una exacerbada, frenética, temeraria y disparatada actividad. Se descuidaba al mojar la pluma en el tintero.
No se descuidaba en este tiempo Hazán Bajá de solicitar al cadí le entregase la esclava, ofreciéndole montes de oro, y habiéndole dado a Ricardo de balde, cuyo rescate apreciaba en dos mil escudos; facilitábale la entrega con la misma industria que él se había imaginado de hacer muerta la cautiva cuando el Gran Turco enviase por ella.
Pero como negocios de la mayor importancia para su fortuna y su progreso que descuidaba tanto menos cuanto que veía en ellos una especie de apoyo a sus extravíos, como sus negocios, digo, iban a ocuparlo casi quince días y no quería perderse a la niña, prefirió perder algo del placer que se prometía con la primera escena y asegurarse la segunda.
De no hacerlo en esta época, no habría cómo trabajarlas en los ocho meses restantes. Si esto se descuidaba fácilmente se cegarían las minas, no bastando veinte mil indios para limpiarlas.
El ministerio Barrot descuidaba incluso las formas de decoro que habrían hecho aparecer al presidente de la república como un poder al lado de la Asamblea Nacional.
También sabía que un animal sólo vale mientras está gordo y también que la gordura pronto desaparece por cualquier causa, más ligero aún de lo que ha venido; y por esto no se descuidaba, revisando continuamente la hacienda y mandando tropas de novillos gordos cada vez que alcanzaba a tener de ellos bastante número para que valiera la pena.
Algunas veces el mismo señor Campeche se descuidaba, y no sabiendo de qué hablarle a un forastero, le decía de corrido, como quien repite una lección de memoria: «Pero ¿ha visto usted qué clima más endemoniado?
Entre ellos, uno fue éste: habiendo llegado una vez, de paso, al convento de Offida, los hermanos le rogaron, por amor de Dios y de la caridad, que amonestara a un hermano joven que había en aquel convento, y que perturbaba a toda la comunidad, tanto a viejos como a jóvenes, por su manera de portarse pueril, indisciplinada y libre; descuidaba habitualmente el oficio divino y las demás observancias regulares.
La humanidad se había quedado atorada en el angosto esquema del salvajismo egoísta y cada uno de los hombres y mujeres sólo pensaba en su vanidad física y monetaria, con lo cual se descuidaba, el fomento del gusto por la sabiduría.
Después que cerraba el candado y se descuidaba pensando que yo estaba entendiendo en otras cosas, por un poco de costura, que muchas veces del un lado del fardel descosía y tornaba a coser, sangraba el avariento fardel, sacando no por tasa pan, mas buenos pedazos, torreznos y longaniza; y ansí buscaba conveniente tiempo para rehacer, no la chaza, sino la endiablada falta que el mal ciego me faltaba.
El ansia de conocer, de rasgar los velos en que envuelve sus operaciones la potencia creadora, le absorbía tanto, que descuidaba su reino.
Y es que como al rey mozo le gustaba rodearse de mozuelas guapas con las cuales se pasaba divertidas horas, descuidaba las obligaciones de su alto cargo para con su pueblo.