descubrirse

descubrirse

(deku'βɾiɾse)
verbo pronominal
1. cubrirse sacarse el sombrero u otra prenda que cubra la cabeza Se descubrió la cabeza cuando entró a la habitación.
2. darse a conocer alguien que hasta el momento no había sido reconocido La niña se descubrió cuando se quitó el maquillaje.
Traducciones

descubrirse

scappellare
Ejemplos ?
Un sistema de cosas completamente nuevo siempre causa en la mente la impresión de complejidad a primera vista, aunque al examinarlo puede descubrirse que es la simplicidad en sí misma.
Llegado nuestro hombre al sagrario, abrió el recamarín, sacó la Custodia, envolvió en su pañuelo la Hostia divina, dejándola sobre el altar, y salió del templo por la misma claraboya que le había dado entrada. Sólo dos días después, en la mañana del sábado 25, cuando debía hacerse la renovación de la Forma, vino a descubrirse el robo.
-No lo sé -dijo Traddles-. Se marchó de aquí con su madre, que no había cesado de clamar, descubrirse y amenazarnos. Se marcharon en una de las diligencias de la noche, y ya no he vuelto a saber de él, excepto que su odio hacia mí al despedimos fue inmenso.
El huaso macuco disfrazado de médico que al descubrirse la teoría microbiana exclama: a mí no me meten el dedo en la boca; el huaso macuco disfrazado de artista o de político que cree que diciendo: no comprendo, mata a alguien en vez de hacer el mayor elogio.
Este Príncipe los arrojó de Guadalaxara, enemistada con ellos por la entereza del Obispo de Calahorra, que en una conferencia con el Arzobispo de Toledo y otros Señores trató de remediar los desórdenes que empezaban á descubrirse en el Estado.
Precisamente yo tengo una mujer demasiado afectada del histérico, y como este mal es tan común en las señoras, vea usted que el deseo mismo me hizo consentir en que sería alguna medicina para algún mal de las mujeres; de modo que me puse tan contento, creyendo haber encontrado la piedra filosofal, y sin leer más, ni dónde se vendía siquiera, pensando hallarlo en los cafés, me dirigí al primero que encontré, interiormente regocijado de ver los adelantos que hace la Medicina; pregunté por un té que acababa de descubrirse...
En caso de no descubrirse este, se inventariará el todo, y se tendrá en depósito para restituirlo á quien dentro de un año justificare serlo, como no haya un motivo para declararlo buena presa, adjudicando siempre la 3° parte de su valor á los recobradores; no apareciendo el dueño dentro de dicho tiempo, se dividirán las dos terceras partes restantes, como bienes abandonados, en tres porciones, dé las cuales, una se adjudicará á los mismos recobradores y las otras dos serán pertenecientes al erario.
La afirmación de algunos autores de que en la mayoría de los sueños pueden descubrirse elementos procedentes de los días inmediatamente anteriores, parece querer constituir un contrapeso a la excesiva importancia del papel que en la vida onírica desempeñan las impresiones infantiles.
Desde luego, no intervine para nada en la realización de tal propósito, pero durante mucho tiempo tuve el natural temor de que aquello pudiera descubrirse.» «Ahora queda ya todo aclarado, pues este recuerdo nos proporciona otro motivo de que la sospecha de no haber interrumpido el coito en el momento oportuno le fuera a usted penosa.» Esta interpretación onírica debió de impresionar vivamente a un joven médico que la oyó relatar, pues tuvo en seguida un sueño de forma totalmente análoga, aunque sobre distinto tema.
Dos días después el convaleciente emprendía su viaje a Quilca, llevándose en la maleta más de doscientas peluconas. Los compadres habían tragado el anzuelo. Cuando llegó a descubrirse el embrollo, ya D. Higinio había pasado el Cabo de Horn.
Tres meses después se adquirieron pruebas irrefutables de que el padre Leuro no había sido el Judas, sino otro religioso (cuyo nombre, por caridad cristiana, calla el cronista) de la intimidad del padre Zumarán, y en quien éste confiaba tanto como en sí mismo. Lo que sí nunca pudo descubrirse fue quién hubiera sido el malvado que dio vida a la calumnia.
Se cerraron los coliseos y el duelo fue general cuando, corriendo los días sin descubrirse al delincuente, recurrió la autoridad eclesiástica al tremendo resorte de leer censuras y apagar candelas.