Ejemplos ?
Si el tiempo lo permitía, zarparíamos el 15 de aquel mes (junio); el día anterior, o sea el 14, subí a bordo para disponer algunas cosas en mi camarote. Descubrí así que tendríamos a bordo gran número de pasajeros, incluyendo una cantidad de damas superior a la habitual.
Había sido arrojada sin cuidado alguno, y hasta desdeñosamente, parecía, en una de las divisiones superiores del tarjetero. No bien descubrí la carta en cuestión, comprendí que era la que andaba buscando.
(Y alguno que otro adulto) Primera Edición 1993 En recuerdo de Edward Lear, pionero del sin sentido… LA BIBLIOTECA DE LAS MARAVILLAS Hoy la descubrí a cinco calles de mi casa.
CAPÍTULO IX Cuando recobré el sentido, aturdido como estaba, me di cuenta que me encontraba en una tenebrosa cueva y lo que descubrí fue pavoroso: una hormiga roja que para mi tamaño era tan grande como un león, me vigilaba con sus ojos saltones y sus antenas se movían veloces como para comunicar a otras de su especie, su hallazgo.
Durante mis años adolescentes descubrí en la Secundaria Anexa a la Escuela Normal Superior de México las voces y los ejemplos de un promisorio cambio para las generaciones que venían tras de mí: fomentar el amor por el saber, la pasión por la cooperación social y la responsabilidad de perfeccionarnos creativamente en pos de lograr “la mayor felicidad individual dentro de la mayor felicidad colectiva”.
Tomé una de esas luminarias y me aproximé a intentar comprender sus contenidos. Cuál sería mi sorpresa cuando descubrí que cada una de ellas iba relatando lo que hasta ese momento me había acontecido.
Yo hice un cálculo estadístico y descubrí que para ganarse el “premio gordo” —como le llaman— había que jugar durante 600 años todas las semanas un número de billetes —la verdad es que hay que ser muy optimista para pensar que se va a ganar un premio—, y haciendo un cálculo estadístico, ahorrando eso mismo, al cabo de 30 años usted habría ganado el premio mayor.
Le grité: – ¡De acuerdo!– y me dirigí a aquel lugar. Allí, a fuerza de mirar cuidadosamente a mi alrededor descubrí un tosco sendero en zig–zag tallado en la roca, que seguí.
El hombre, que vestía un traje tosco y oscuro, retrocedió hasta el lugar donde habíamos estado antes, junto a la boca del túnel: –Después de tomar la curva del túnel, señor –dijo–, le descubrí al otro extremo, como si le viese por el tubo de un catalejo.
Desde que entré en aquesta calle a hacer lo que me has encomendado, los de esa cuadrilla han dado en que me han de conocer. Porque no me descubrí, dieron tras mí a cuchilladas, y mil montantes y espadas llovió el cielo sobre mí.
Desde que recibí su carta, había adquirido el hábito de rondar su vecindad, y así descubrí que a la hora del crepúsculo solía dar un paseo, acompañada únicamente por un negro de librea, por una plaza pública.
Miré el reverso, y descubrí las palabras: "Eugenia Lalande, a la edad de veintisiete años y siete meses." Encontré a Talbot en su domicilio, y rápidamente lo puse al tanto de mi buena suerte.