Ejemplos ?
Deslumbrara con diferentes puestos el castigo de los que removía. Ejecutara con orden desconocida el ejemplo, procurando pareciesen casuales y no meditados sus fines.
-y le enseñó unos billetes insólitos. El hombre quedó asombrado. ¿Sería dinero? Pero era una moneda, desconocida, inexplicable. - Pero... es que...
Pero, en el estado en que se hallaba, sólo pudo pensar en la horrible monstruosidad que tenía enfrente, y que sin duda alguna había compartido la desconocida suerte del joven Thaddeus y del ganado.
Entré en la palestra de Taureas, frente por frente del templo del Pórtico real, y encontré allí una numerosa reunión, compuesta de gente conocida y desconocida.
Los hombres estaban francamente perplejos ante aquel caso y no podían encontrar ningún elemento convincente que relacionara las extrañas condiciones de los vegetales, la desconocida enfermedad del ganado y de las personas, y las inexplicables muertes de Merwin y Zenas en el pozo.
Fue realmente un espantoso momento; con los restos monstruosos de cuatro personas -dos en la misma casa y dos en el pozo-, y aquella desconocida iridiscencia que surgía de las fangosas profundidades.
¡Extraño baile en el que no se bailaba y en el que no había orquesta! De Jacquels había desaparecido, y estaba solo, abandonado en medio de aquella muchedumbre desconocida.
De día representaba, en la medida de sus posibilidades, el papel de ama -cuya persona era totalmente desconocida para los pasajeros de a bordo, como se tuvo buen cuidado de verificar previamente.
Saqué mi reloj, pero no tenía cerillas. Oí el leve tic–tac de la pequeña pieza mecánica con una desconocida y extraña alegría. Parecía estar viva.
Esta manera de alabar es hermosa e imponente, pero me era completamente desconocida cuando os prometí alabarlo en el momento en que me llegara mi turno.
Esta última misiva me la devolvió el lacayo, con las siguientes palabras escritas al dorso del sobre: el muy bribón se había ido al campo con su amo. "Salió de S... ayer; con dirección desconocida. No dijo a dónde iba ni cuándo volvería.
En esa ocasión quedaron explicados los defectos de mi vista, que ya eran muy comentados, aunque yo siempre tratara de ocultarlos, y la buena anciana comprendió, con pena, que estaba engañada al suponer que yo acababa de descubrir nuestros lazos familiares. Lo único que había hecho era la tontería de cortejar abiertamente, y en un teatro, a una anciana desconocida.