desaire

(redireccionado de desaires)
También se encuentra en: Sinónimos.

desaire

1. s. m. Acción y resultado de desairar o despreciar. tención, desprecio
2. Falta de garbo y gracia anda y se mueve con mucho desaire. torpeza

desaire

 
m. Falta de garbo o de gentileza.
Acción y efecto de desairar.

desaire

(de'sajɾe)
sustantivo masculino
1. acción o resultado de desairar o despreciar No esperaba recibir esos desaires de tus amigos.
2. falta de garbo, donaire Su desaire afea todo lo que se pone.
Traducciones

desaire

rebuff, slight, snub

desaire

SM
1. (= menosprecio) → slight, snub
fue un desaire sin precedentesit was an unprecedented slight o snub
no lo tomes como un desairedon't be offended
dar o hacer un desaire a algn (= rechazar) → to slight sb, snub sb; (= ofender) → to offend sb
¿no me va usted a hacer ese desaire?I won't take no for an answer!
sufrir un desaireto suffer a rebuff
2. (= falta de garbo) → unattractiveness, gracelessness
Ejemplos ?
Aquellos no serían ni más cultos ni más educados y respetuosos y obedientes a las leyes y autoridades, que estos pero tampoco lo eran menos y –por otra parte-los nativos de España poseían-interesa destacarlo ahora-un cierto orgullo de nacionalidad que no admitía desaires…Cercana y buena prueba de ello había palpado Montevideo en las noches del 4 y 5 de octubre con motivo de las celebraciones del 17 aniversario del canje de las ratificaciones de la Convención Preliminar de Paz de 1828.
¿Se intimó la amistad? ¡Adiós!, como ya de cualquier modo tienen cumplido con usted, todos son desaires, todas crudas y acedas respuestas.
omo el actor famoso que, a fuerza de ser malo, no salía a escena sin recibir una tempestad de silbidos del público, y, por lo mismo, se empeñaba en menudear las salidas hasta hacerse aplaudir una vez siquiera, don Salustio, el obrero diplomático, no se da punto de reposo para hallar un monarca a quien regalar el Trono de España, y en su patriótico afán ni le asustan calabazas, ni desaires le intimidan, ni silbidos le espantan.
La magestad del Cetro, la gravedad de la Toga, y los trofeos Militares, se han ido haciendo unos obgetos, que se presentaban a la vista de las mugeres, como para admirarlos, mas no para pretenderlos, porque el curso de los siglos, había quitado la novedad, que las causaría al principio ver cerradas todas las puertas al honor, y al premio. Pero no por eso se han de mostrar insensibles a todos los desaires que quieran hacerlas.
Dime, ¿aún se pinta el agrado En tu risueño semblante, Y respiran tus miradas Aquella piedad suave Para con ceño y capricho Desvanecerla al instante, Trocar la risa en desvío Y el agasajo en desaires?
Uno de los más trágicos capítulos de la historia del viejo orden consistió en las dificultades, desaires, y decepciones durante toda la vida, contra las que los inventores tenían que luchar antes de que pudiesen introducir sus descubrimientos, y los fraudes mediante los cuales, en muchos casos, los capitalistas a través de los cuales obtenían la introducción, les estafaban sus ganancias.
Ventura recibió algunos desaires mal disimulados del público, su antiguo esclavo, que ahora se desquitaba de los días de la servidumbre.
A todos pareció bien, porque sabían que don Juan era en eso, como en lo demás, muy acertado, y dándoles lugar, cantaron así: A la cabaña de Menga Antón un disanto fue, ya está rostrituerta Gila, celos debe de tener. Delta se quexa el zagal, bien justa su quexa es, que sospechas sin razón son desaires de la fe.
Los mismo liberales ó isabelinos que usufructuaron la trai- ción fueron los primeros, así en Madrid como en las gi an- des ciudades del reino, en abrumar con desaires é injurias al émulo de Judas.
Luego parece que la sociedad no está allí; una diligencia viene a ser para los dos sexos una isla desierta; y en las islas desiertas no sería precisamente donde tendríamos que sufrir más desaires de la belleza.
Contóle que de aquella manotada, con su cuerpo afligido, de miedo helado y de licor teñido, descalabró los aires, y, con otros agravios y desaires, que prometió vengarse por la espada de haberle enamorado a Zapaquilda y hablarla en el tejado de Casilda (una tendera que en la esquina estaba); y dijo que pensaba, en desprecio y afrenta de sus dones, hacer de los listones cintas a sus zapatos.
Cedí con la sopa a los reiteradísimos «ponte más, no lo desaires» con que me acosaba la buena señora; y al tratar resueltamente de negarme a repetir de los potajes, tal fue la insistencia de la familia entera, y tanto me solfearon que despreciaba su pobreza, que por no sufrir tan inclemente machaqueo me resolví, con la resignación de un mártir, a jugar la salud en aquel lance; pero me fue imposible transigir con el capón: materialmente estaba ya lleno, rebosando mi estómago.