desagrado


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desagrado

1. s. m. Disgusto, descontento la noticia de su cese me causó un profundo desagrado, fui yo quien lo propuso a la junta. alegría, contento
2. Expresión en el semblante o en el comportamiento del disgusto producido por una persona o una cosa reacciona con desagrado cuando se dirigen a él en otra lengua.

desagrado

 
m. Disgusto, descontento.
Expresión de disgusto en el trato o en el semblante.

desagrado

(desa'γɾaðo)
sustantivo masculino
contentoagrado sentimiento de no estar a gusto con algo o alguien Aceptó el reto con desagrado.
Sinónimos

desagrado

sustantivo masculino
disgusto, descontento, fastidio, enojo, molestia.
Disgusto y descontento se basan en la sensación de pena o de insatisfacción que provoca un hecho o situación. Fastidio, enojo y molestia ponen el acento en la sensación de pesadez o de incomodidad.
Traducciones

desagrado

SM
1. (= disgusto) → displeasure
hacer algo con desagradoto do sth unwillingly
2. (= descontento) → dissatisfaction
Ejemplos ?
No volví a pensar en la dicha de tener a mi hijo fuera de cuidado... hasta que me dieron el primer susto las señales de desagrado que empezaron a venir de la sala, que yo no veía...
Dábase de calabazadas nuestro protagonista, inquiriendo en su magín la causa que podría haberlo hecho incurrir en el real desagrado; pero cuanto más se devanaba el caletre, más se perdía en extravagantes conjeturas.
En principios del mes de Enero, se me presentó don Pedro Chapuis pidiéndome la aceptación de una letra que la comisión de suscriptores giraba en su favor, por la cantidad de dos mil pesos para el transporte de, los profesores de esta ciudad a la de Santiago; le fue entregado el dinero y no volví a verle hasta el día siguiente que se me apareció a decirme: que le habían amotinada los profesores, y que halagados por las propuestas de don José Joaquín de Mora, y por las sugestiones de un agente suyo, querían romper la contrata celebrada en París, que los había animado a tamaña falta con la influencia de Mora en el Gobierno y con que los vecinos que se habían prestado a auxiliar la empresa de Chapuis eran del desagrado del Vice-Presidente de la República...
Algo disgustaba al elegante ir convertido en cicerone de un ente tan grotesco; pero la intimidad con que le trataba el personaje cortesano le hizo ver en el de la aldea un mandarín inculto, una potencia electoral, un reyezuelo de provincia. Su momentáneo desagrado se trocó bien pronto en solicitud deferente y hasta respetuosa.
¡Qué cruel tortura era para mí estar allí sentado en la misma actitud horas y horas, sin atreverme a mover un brazo ni una pierna, para que miss Murdstone no pudiera quejarse, como lo hacía con cualquier pretexto, de mi movilidad, y tampoco me atrevía a levantar la vista, por temor de encontrarme con alguna mirada de desagrado o escudriñadora que buscase en mis ojos nuevas causas de queja!
Había hecho una fortuna muy considerable, y si abandonó Norteamérica fue movido de su antipatía a los negros, y de su desagrado por la política del partido republicano de concederles la liberación de la esclavitud.
Paraguay, pues podía preferir – Artigas no le discutía el derecho – la constitución de un solo país soberano sobre su territorio. La intendencia de Córdoba tenía bajo su dependencia pueblos que sufrían con desagrado la hegemonía de la capital.
Esta impresión, que sería ratificada cuando se contara con mayores elementos de juicio, indicaba: a. Desagrado por los términos de desmilitarización de la zona.
No harán, pues, un gesto de desagrado nuestras elegantes lectoras cuando nos vean explicar la significación de nuestro título; esta explicación no es ciertamente para ellas; pero nosotros no tenemos la culpa si su extraordinaria delicadeza y si su civilización llevada al extremo que forma de ellas un pueblo aparte, y pueblo escogido, nos pone en el caso de empezar por traducir hasta las palabras de su elegante vocabulario cuando queremos dar cuenta al público entero de los usos de su impagable sociedad.
Y siguió dando minuciosos detalles sobre aquel asunto, detalles que su superior oía con un manifiesto desagrado, su entrecejo se fruncía y todo en él revelaba impaciencia creciente y cuando el capataz repetía por su segunda vez sus argumentos: -Es, pues, imposible aumentar los precios porque, entonces, el costo del carbón… -un “Ya lo sé” áspero y seco le cortó la palabra bruscamente.
Tenían a la vista la varia concurrencia del pueblo, de cuyos diversísimos oídos podía escucharse fácilmente qué cosa era en cada uno, o digna de alabanza, o que mereciese el desagrado.
Pegaba muchos gritos como un tigre en gresca porque su gruesa y agresiva suegra desgraciadamente le venía arrojando vinagre por mugroso. -Límpiate la mugriza- le gritaba. ¡Qué grande desagrado para un ograzo. ¡Qué grotesco agravio!