dentadura


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dentadura

1. s. f. ANATOMÍA Conjunto de dientes, muelas y colmillos de una persona o animal el fósil presenta una dentadura incompleta.
2. MEDICINA Prótesis dentaria le insertaron las piezas de la dentadura en el maxilar.

dentadura

 
f. anat. y zool. Conjunto de piezas dentarias existentes en la cavidad bucal. (V. dentición.)
Conjunto de dientes postizos.

dentadura

(denta'ðuɾa)
sustantivo femenino
anatomía conjunto de piezas dentales de una persona o animal Los embarazos habían estropeado su dentadura.
Sinónimos

dentadura


dentadura postiza adjetivo caja de dientes (Colombia y Sto. Domingo).
Traducciones

dentadura

teeth, denture

dentadura

dentatura

dentadura

SFteeth pl
tener mala dentadurato have bad teeth
dentadura artificial, dentadura postizafalse teeth pl, dentures pl

dentadura

f. teeth;
___ postizadentures.

dentadura

f teeth, set of teeth; — postiza denture, false teeth (fam)
Ejemplos ?
¡Abre la bocota! Y el ocelote abrió lo más que pudo el tremendo hocico y mostró los colmillos filosos y su dentadura brutal. -Está sucia por las fibras de maguey.
Y meciéndose en ella suavemente, cruzadas las piernas, entornados los párpados y las manos sobre el incipiente abdomen, pronto hubiérase quedado dormido nuestro protagonista a no penetrar en la estancia Rosario la Caperusa, mal sujeto el negrísimo pelo, que caíale en partidas bandas sobre la curva frente y en encrespados bucles sobre la nuca; luciendo, erguida, la figura escultural, atensada la chaquetilla sobre el provocativo seno, relampagueantes los magníficos ojos y mordiéndose los gruesos y encendidos labios con la más bella dentadura que ha engarzado en humanas encías Santa y Pródiga madre Naturaleza.
Contraído por la sofocación y por la pena, estaba su rostro lívido, con una lividez fantástica; sus grandes ojos, abiertos desmesuradamente, parecían mirar aterrados un abismo insondable; su semblante afinábase adquiriendo apariencias espectrales; sus labios, exangües y contraídos, dejaban ver la antes nacarada dentadura, ya de tonos amarillentos; sus cabellos enmarañábanse sobre su frente; su respiración resonaba sibilante y aterradora.
Veintiséis o veintisiete primaveras podría contar nuestro protagonista, y era de tez morena, grandes ojos de lánguidas y adormecedoras pupilas, con facciones de correcto dibujo, curvas mejillas, donde azuleaba la barba cuidadosamente afeitada, como el bigote; sus labios eran frescos y encendidos; como de marfil su dentadura, algo grande y desigual; su cabello, abundante y sedoso, tan oscuro como sus bien arqueadas y pobladísimas cejas y como sus larguísimas pestañas, desbordaba por bajo el ala del airoso rondeño gris, y era vigorosa y cenceña su figura, que avaloraban ajustado marsellés, ceñidor y pañuelo de raso azul que lucía a guisa de corbata sobre la bordada y blanca pechera de la camisa.
Y como no son los cincuenta años edad apropiada para tales desaciertos, ocurrió, como era de temer, que en el día en que sacamos a relucir de nuevo al señor Francisco, era éste un purí con todas las de la ley, que habíansele por su mal arqueado la espina y abombado enormemente el abdomen; el negror de su pelo, ya más que escaso, era, de modo tal, áspero y tornasolado que delataba hasta vista de pájaro su química procedencia, su dentadura salida de su faltriquera...
El marido era abstemio, no había de por medio otra mujer y la queja que se alegaba era que el marido había contraído la costumbre de terminar todas las comidas despojándose de su dentadura postiza y tirándosela a su mujer, acto que, usted convendrá conmigo, no es probable que surja en la imaginación del escritor corriente de novelas.
Ven, me gritó sonriendo y mostrando entre los rosados labios el esmalte de la dentadura maravillosa; ven, y tendió los brazos, esparciendo en el ambiente el olor de una mata de rosas que sacude el aire tibio de la primavera.
Como Joseíto no había catado la gracia de Dios aquella mañana, no se hizo repetir la invitación, y momentos después, y no sin haberse previamente aseado la dentadura, mantenían el siguiente diálogo, sentados frente a frente en el hondilón del Carabinero el señor Casimiro el Palangana y Joseíto el Perejiles.
Su boca era bella, todavía fresca y con toda su dentadura, sus senos eran casi inexistentes, un vientre sin nada de particular, nunca había inspirado deseo, el monte de Venus un poco prominente y el clítoris saliente, de unas tres pulgadas, cuando se calentaba al hacerle cosquillas en esta parte de su cuerpo, podía tenerse la seguridad de ver que casi se desmayaba, especialmente si el servicio se lo hacía una mujer.
Se bebió el agua de un sorbo y luego, enjugándose los labios con la manga de la blusa, agregó, festivo y zalamero: -Rosa, si para verte fuera preciso tomarse cada minuto un vaso de agua, yo me tragaría el mar. La joven se rió mostrando su blanca dentadura.
Sus pieles ladrillosas; sus ojos rectos, grandes y melancólicos; sus bocas, de marfileña dentadura; sus cuerpos ágiles, que denunciaban flexibilidades de serpiente y nerviosidades de pantera, recordaban, embellecidas, las pinturas murales que el tiempo respetó y los egiptólogos han descubierto.
La conduzco junto a una ventana y me dispongo a reconocerle la garganta. Al principio se resiste un poco, como acostumbran hacerlo en estos casos las mujeres que llevan dentadura postiza.