Ejemplos ?
Luego de que Merry se hubiera dormido, Pippin, con una extraña curiosidad e impulsado por una fuerza desconocida; se dirigió sigilosamente, a donde el mago dormía y le sustrajo la piedra y la observó detenidamente y sufrió un terrible shock que lo hizo caerse de espaldas, gritando. El grito despertó a todos en el campamento, y Gandalf, con semblante tenso y demudado, corrió al socorro del joven hobbit.
De pronto, le vi levantar enérgicamente la cabeza y luego mirar algo por encima del celebrante. Miraba fijamente, sin parpadear, pero con un aire de terror y de maravilla, demudado.
Recogidas en Lautaro (Provincia de Cautín): "Atención mozos solteros", "Las tres pollas negras". Recogidas en Chillán (Provincia de Ñuble): "Huyendo voy de tus rabias", "Tan demudado te he visto".
Pues él –yo lo hubiera afirmado con mi cuello– traía algún propósito apabullante, algún designio misterioso. El asiático estaba demudado.
Las carcajadas redoblaron. Leonidas y yo íbamos muy atrás. Leonidas estaba demudado y le castañeteaban los dientes. –¿Vamos quedándonos?
El pobre vicario, espantado ante la persistencia con que le perseguía la señorita Gamard, volvió al comedor de la señora de Listomère con el rostro demudado.
Después vio junto a ella a su marido, que había sido retenido en el club hasta las dos de la madrugada... Estaba demudado y se puso a hacerle preguntas, pero ella no le dijo nada...
-«Y ensañóse Caín en gran manera y decayó su semblante. Y entonces Jehová dijo a Caín: ¿Por qué te has ensañado?, ¿y por qué se ha demudado tu rostro?
En figura de toro que es escalentado, Cavando con los piedes, el çeio demudado, Con fiera cornadura sannoso e yrado Paroseli delante el traydor probado.
Bajo las miradas compasivas de los labriegos que se apartaban en silencio para darle paso, apareció el viejo con la cabeza inclinada y el semblante demudado por la angustia y el temor.
Los que presenciaron tan fatal desgracia notaron la repentina mudanza, y aunque advertían que les amenazaba la muerte estuvieron curiosamente atentos, observando si el filósofo se turbaba en el ánimo; después sosegada y pasada la borrasca, así como la seguridad y bonanza, dio lugar para hablar y también para divertirse; uno de los que iban en la nave, que era hombre rico, natural de la provincia de Asia, vivía con mucho regalo y ostentación preguntó, bromeándose con el filósofo, por qué había temido y demudado el color, habiendo él permanecido sin recelo alguno en el pasado inminente riesgo.
Allí hablara el buen rey, su gesto muy demudado: -Buen conde Fernán González, mucho sois desmesurado, si no fuera por las treguas que los monjes nos han dado, la cabeza de los hombros ya yo os la hubiera quitado, y con la sangre vertida yo tiñiera aqueste vado.