demacrado


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demacrado, a

adj. Que está ojeroso, pálido y delgado y con aspecto de estar enfermo la fiebre lo dejó débil y demacrado. consumido

demacrado, -da

 
adj. Que está muy delgado o tiene mal aspecto a causa de una enfermedad, trastorno emocional, etc.

demacrado, -da

(dema'kɾaðo, -ða)
abreviación
que está pálido, delgado y con mal aspecto Luego de la operación quedó un poco demacrado.
Sinónimos

demacrado

, demacrada
adjetivo
macilento, descolorido, cadavérico, flaco, flojo*, mustio, triste, decaído. gordo, fuerte, vivo.
Demacrado alude, por un lado, al estado de decadencia física de las personas, cuyos sinónimos serían macilento y descolorido aplicados al aspecto o color de la cara, y flaco y cadavérico aplicados a la delgadez del cuerpo; demacrado también alude al estado anímico de las personas, valor semántico que presentan los sinónimos mustio, decaído y triste.
Traducciones

demacrado

drawn, bony, wasted

demacrado

ADJgaunt, haggard

demacrado-a

a. gaunt, wasted.

demacrado -da

adj emaciated
Ejemplos ?
Y algunos al pasar junto al individuo harapiento y sucio; demacrado y abundante de barba, negra y espesa; de dientes escasos, amarillentos y podridos; de labios carnosos y amoratados; delgado de cuerpo, mediana la estatura y lisiado de una pierna, extendían la mano, como compadecidos, para darle unas monedas.
El pálido cuarto del hospital sonreía con serenidad La calma indefinible, como aquella que acontence sólo en sueños paseaba sus hábitos saudadosos por el lugar. Desde su lecho lacerante, un hombre demacrado meditaba contemplando el correr del sol por el celaje recién iluminado...
¿Se siente enfermo?-y el descentrado sorprendido, sólo meneó la cabeza en no. La mujer prosiguió afable: - Es que se mira usted muy demacrado, muy pálido, como agotado...
Con los dedos trabados entre los ojales del chaleco, el director proyectaba una mirada sagaz, a través de los párpados entrecerrados, al tiempo que sin rencor examinaba el demacrado semblante de Erdosain, que permanecía impasible.
Entré en una casa de aspecto aristocrático y encontré a un bello joven pálido y demacrado, tendido en un lecho; y como lo había dicho Laura, agarrotados todos sus miembros por una horrible parálisis que lo tenía postrado, hacía dos años, sin que ninguno de los sistemas de curación adoptados por los diferentes facultativos que lo habían asistido pudiera aliviarlo.
Implora donde llega el mendrugo de pan; duerme en despoblado sobre asperezas y cantiles; golpéase el pecho con piedras puntiagudas. Demacrado, macilento, el cuerpo una sola llaga, toca a las puertas de la ciudad Eterna, treinta y tres meses después.
A la luz de la lámpara, y más aún de la vela que aquella misteriosa visión conservaba en la mano, conoció, al fin, Juan que no tenía ante sus ojos un ser fantástico o diferente de toda humana criatura, sino a una mujer todavía joven y hermosa, de noble y elegante aspecto y pálido y demacrado rostro, que más inspiraba admiración y lástima que aversión o miedo...
A pique estuvo de caerse, y un espejo del salón que atravesaba para dirigirse al apartado gabinete donde debía de impacientarse su alumna, le envió el reflejo de un semblante ya algo demacrado, y ahora más descompuesto por el terror de perder una plaza que, con el empleíllo del marido, era el mayor recurso de la familia.
Y como donde hay panales no faltan zánganos, no extrañarán nuestros lectores que fuesen casi innumerables los que mariposeaban alrededor de Rosarito, entre los que ocupaba lugar preferente Perico el Talabartero, un chaval medio tábiro que parecía estar pidiendo a voces la Reualenta, de ojos magníficos y febriles, graciosa sonrisa, rostro exangüe y demacrado, y del cual solía decir Rosarito con aire meditabundo: -Cudiao que Perico es feo, pero cudiao que tiée rocío y tiée angel y tiée cosas en su carita morena.
El médico dice que el hueso de la pierna no ha soldado todavía y que debe estar en la cama sin moverse. La recién llegada era una joven de moreno semblante, demacrado por vigilias y privaciones.
Y meditando en la extraña orden recibida, se lanzó hacia otras regiones del cielo. Un hombre demacrado, vestido de sayal, se cruzó con él.
Poseía, no obstante, como otros muchos Cristos legendarios, cierta peculiar belleza, una sugestión romántica indudable. Sus melenas lacias caían sobre el demacrado pecho; sus pupilas de vidrio parecían llorar efectivamente.