demóstenes

demóstenes

(De Demóstenes, orador ateniense.)
s. m. Persona muy elocuente.

demóstenes

 
com. fig.Hombre muy elocuente.

Demóstenes (Demosthénēs)

 
(384-322 a C) Orador y político ateniense, cuyo estilo es un modelo de simplicidad y concisión. Escribió las famosas Filípicas.
Traducciones

Demóstenes

SMDemosthenes
Ejemplos ?
«Ese Arqueta, había dicho, no sólo no tiene palabra fácil, sino que no tiene palabra.» Eso ya lo sabía Arqueta; nunca había pretendido ir para Demóstenes, ni ése era el camino; pero el tener palabra difícil no le estorbaba, y el no ser hombre de palabra le servía de muchísimo.
Por todo el derredor irán colocados sobre pequeñas columnas los bustos en mármol de Demóstenes, Cicerón, Virgilio, Homero, Platón, Sócrates, Montesquieu, Buffon, Rousseau, Voltaire y Napoleón.
Plutarco, en la Vida de Foción, sumo filósofo y general invencible, dice que, estando Atenas en la postrera ruina por las armas de Filipo, rey de Macedonia, llegó nueva que Filipo era muerto; y como los viles y abatidos consultasen que por la muerte de tan grande enemigo se hiciesen a los dioses sacrificios públicos, alegrías y juegos, Foción, ásperamente, lo estorbó, diciendo era señal de ánimo cobarde y confisión vergonzosa del temor rústico de la república hacer fiestas por la muerte de su enemigo, y reprehendió con unos versos de Homero a Demóstenes, porque habló mal de Alejandro su hijo de Filipo.
En Grecia y en Roma, los dos pueblos más poderosos y más ilustrados de la antigüedad, hubo también república y grandes sabios, como Licurgo y Catón; y grandes tribunos, como Demóstenes y los Gracos; y grandes filósofos, como Aristóteles y Séneca; y grandes poetas, como Píndaro y Virgilio; y grandes historiadores, como Herodoto y Tito Livio; y grandes capitanes, como Alejandro y César, y artistas, en fin, que aún se admiran en los restos de las obras inmortales.
Paréceme que los refranes de don Melchor Gaspar tenían para la chusma más elocuencia que todos los discursos y catilinarias de Demóstenes y Cicerón; porque se apaciguaron los ánimos, cesaron las hostilidades y hubo formal armisticio entre camaroneras y pescadoras.
Hay reyes como el chichimeca Netzahualpilli, que matan a sus hijos porque faltaron a la ley, lo mismo que dejó matar al suyo el romano Bruto; hay oradores que se levantan llorando, como el tlascalteca Xicotencatl, a rogar a su pueblo que no dejen entrar al español, como se levantó Demóstenes a rogar a los griegos que no dejasen entrar a Filipo; hay monarcas justos como Netzahualcoyotl, el gran poeta rey de los chichimecas, que sabe, como el hebreo Salomón, levantar templos magníficos al Creador del mundo, y hacer con alma de padre justicia entre los hombres.
119 Vi a Demóstenes e a Gabiano, e vi más a Tulio con su rica lengua, Casio Severo, sofriendo grant mengua, dado en exilio del pueblo romano; Mostróse Domiçio, rector africano, e vimos a Pluçio con Apolodoro, e vimos la lumbre del claro thesoro del nuestro rectórico Quintilïano.
¡Va, de la opresión grave de los imperios persas, al riente suelo de Grecia, y con Platón medita, o con la voz ardiente de Demóstenes grita su odio implacable y vengador!
Pero si estas cosas te parecen con exceso fabulosas y fraguadas por el capricho, al menos me concederás, Aper, que no logró menor gloria entre los hombres Homero que Demóstenes; ni que se ciñese a más estrechos confines la fama de Eurípides y Sófocles que la de Lisias de Hypérides; aún hoy hallarás muchos que no aprecien tanto la gloria de Cicerón como la de Virgilio; ni tiene tanto nombre ningún libro de Asinio o de Mesala como la Medea de Ovidio o el Tiestes de Vario.
En otra parte, Demócrito y el divino Hipócrates, reclinados junto a un sepulcro ya destruido, conversaban profundamente a la sombra de unos cipreses mustios sobre la física del cuerpo animal, la brevedad de la vida, los acerbos males que la rodean, y los cortos y falaces medios que ofrece el arte para dilatar su fin; y más allá, Demóstenes...
Éste que aquí no explico está diciendo el pálido semblante lo que con muda lengua significo, pues cuando más la encumbre y adelante, más corto he de quedar; que los enojos remiten la retórica a los ojos; que la muda tristeza muchas veces el Demóstenes fué de la elocuencia, y más donde son sabios los jüeces, que excusan de captar benevolencia; pues no pudiera en Grecia, en su Liceo, ver más dotrina que en vosotros veo: todos Platones sois, todos Catones; más podrá la razón que las razones».
Porque yo, cuando oigo decir antiguos, entiendo que son ciertos antepasados nacidos en remotos tiempos, y se me representan Ulises y Néstor, cuya edad sobrepuja a nuestro siglo casi en mil trescientos años; mas vosotros sacáis a Demóstenes e Hypérides, los cuales está bien averiguado que florecieron en los tiempos de Filipo y Alejandro, a quienes aún les sobreviven.