Ejemplos ?
Su cuerpo, dibujado por completo por las sábanas del lecho, permitía ver que los miembros del anciano guardaban la misma rigidez.
Sí, sed jueces de la insolencia de Sócrates; los dioses y las diosas pueden ser mis testigos de que me levanté de su lado como me habría levantado del lecho de mi padre o de un hermano mayor.
Despidiéronse los dos cortésmente; él con lágrimas en los ojos, ella con admiración en el alma de ver tan rendida a su amor la de Ricaredo. El cual, levantado del lecho, al parecer de sus padres por milagro, no quiso tenerles más tiempo ocultos sus pensamientos.
Esperar, pues, resolvió; y como es hombre tenaz y de ejecutar capaz lo que una vez decidió, al tiempo correr dejó; y al fin vió llegar un d en que, débil todavía, pudo Vigo levantarse del lecho, y vino a sentarse junto al fuego con García.
-Vamos, el que ha esperao lo más, espera lo menos -añadió la señora Pepa, a la vez que, soltando la escoba contra la pared, arreglaba la almohada y el embozo del lecho al paciente, que tornó a sonreír agradecido al sentir que la mano de la pobre mujer pasaba acariciadora por su frente, apartando de ella los encrespados mechones.
Saltó irritado del lecho y asomóse con faz torva por la ventana, exclamando con voz enojada y bronca: «¿Quién es, a quién diablos busca?», y otra voz, dulce, armoniosa, como el rumor de las aguas y el murmullo de las hojas, «yo», dijo desde la calle, a cuya sílaba sola en las venas de Genaro helóse la sangre toda.
Este brincó del lecho y, á medio vestir, se presentó con ánimo de echar á la muchitanga un par de bravatas y cuatro barbaridades; pero los manifestantes, apenas vislumbraron la silueta de don Diego, empezaron á rasguear charangos y guitarras, acompañando á un andaluz de voz potentísima que cantó esta copla: Viejo archipámpano y loco, puedes ya irte á los infiernos, ¿de cuernos pediste lluvia?
Pero si es que va vinir en seguiíta, pero que en seguiíta va a vinir -decíale, acongojada, la señora Micaela, que procuraba aquietar sus manos, empeñadas en hacer dobleces y más dobleces las vueltas del lecho.
La luz que en un vaso ardía en el suelo, al muro arrojaba la sombra del lecho, y entre aquella sombra veíase a intérvalos dibujarse rígida la forma del cuerpo.
Arriméme a la pared por darles lugar, y desque el cuerpo paso, venían luego a par del lecho una que debía ser mujer del difunto, cargada de luto, y con ella otras muchas mujeres; la cual iba llorando a grandes voces y diciendo: “Marido y señor mío, ¿adónde os me llevan?
Sintió Leocadia que quedaba sola y encerrada; y, levantándose del lecho, anduvo todo el aposento, tentando las paredes con las manos, por ver si hallaba puerta por do irse o ventana por do arrojarse.
Hiciéronlo ansí, y ella, recogiéndose encima del lecho y abrigándose bien con las faldas del vestido, dejó descolgar por las espaldas un velo que en la cabeza traía, dejando el rostro esento y descubierto, mostrando en él el mismo de la luna, o, por mejor decir, del mismo sol, cuando más hermoso y más claro se muestra.