deidad


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deidad

(Del lat. deitas, -atis.)
s. f. Ser de naturaleza divina las deidades de la mitología griega eran antropomorfas. divinidad

deidad

 
f. Ser divino o esencia divina.
Cada uno de los dioses de los gentiles.

deidad

(dej'ðað)
sustantivo femenino
1. religión personaje sobrenatural al que se le rinde culto especialmente las religiones politeístas En la antigüedad clásica existían diversas deidades agrícolas.
2. naturaleza propia de Dios o de los dioses La deidad es una en la trinidad de personas cristianas.
Sinónimos

deidad

sustantivo femenino

deidad:

héroeídolo, dios, titán, divinidad, superhombre, semidiós,
Traducciones

deidad

déité

deidad

deidade

deidad

deità, nume

deidad

Gottheit

deidad

deidad

deidad

božstvo

deidad

אלוהות

deidad

deidad

gudom

deidad

SF
1. (= dios) → deity
deidad paganapagan god, pagan deity
2. (= divinidad) → divinity
Ejemplos ?
¡Oh cuánto yerra quien no recela las iras de deidad que hiere y vuela!,44 que, a un enemigo con alas, ni aun la fuga es resistencia.
230 ofrezco para serviros. Leonor: ¡Déjame besar tus plantas, bella deidad, cuyo templo, cuyo culto, cuyas aras, de mi deshecha fortuna son el asilo!
¡Hija de Zeus, que lleva la égida! ¡Indómita deidad! ¿Huirán los argivos a sus casas, a su tierra, por el ancho dorso del mar, y dejarán como trofeo a Príamo y a los troyanos la argiva Helena, por la cual tantos aqueos perecieron en Troya, lejos de su patria?
El héroe perseguía con el cruel bronce a Ciprina, conociendo que era una deidad débil, no de aquellas que imperan en el combate de los hombres, como Atenea o Enio, asoladora de ciudades.
Gozábase en verlos la luctuosa Discordia, única deidad que se hallaba entre los combatientes; pues los demás dioses permanecían quietos en sus palacios construidos en los valles del Olimpo y acusaban al Cronión, el dios de las sombrías nubes, porque quería conceder la victoria a los teucros.
Me han ordenado también que os haga esta consulta: Si queréis que se suspenda el horrísono combate, para quemar los cadáveres, y luego volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe y otorgue la victoria a quien le plazca.
"Esta deidad, dice el filósofo antes citado, que por desgracia de los humanos, rara vez influye en las especulaciones de las rentas, la justicia que siempre se une a los verdaderos intereses de las naciones y de los pueblos, que al que consulta sus oráculos le presenta las reglas y los medios para levantar la felicidad de los hombres de los estados, no sobre las vacilantes ruedas de los intereses privados, sí sobre los fundamentos eternos del bien común; la justicia, digo, no puede ver sin horror un atentado tan manifiesto contra los más sagrados derechos de la propiedad y libertad del hombre y del ciudadano, un atentado prescripto, autorizado y legitimado por la pública autoridad".
Y entonces Diomedes, valiente en el combate, hizo esta plegaria: —¡Oyeme, hija de Zeus, que lleva la égida! ¡Indómita deidad! Si alguna vez amparaste benévola a mi padre en la cruel guerra, séme ahora propicia, ¡oh Atenea!, y haz que se ponga a tiro de lanza y reciba la muerte de mi mano quien me hirió y se gloria diciendo que pronto dejaré de ver la brillante luz del sol!
Comprendió el rey que el héroe era vástago ilustre de alguna deidad y le retuvo allí, le casó con su hija y compartió con él la realeza, los licios, a su vez, acotáronle un hermoso campo de frutales y sembradío que a los demás aventajaba, para que pudiese cultivarlo.
Puesto que los dioses te han dado corpulencia valor y cordura, y en el manejo de la lanza descuellas entre los aqueos, suspendamos por hoy el combate y la lucha, y otro día volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe, después de otorgar la victoria a quien quisiere.
Cenad en la ciudad, como siempre; acordaos de la guardia, y vigilad todos; al romper el alba vaya Ideo a las cóncavas naves, anuncie a los Atridas, Agamemnón y Menelao, la proposición de Alejandro, por quien se suscitó la contienda, y hágales esta prudente consulta: Si quieren que se suspenda el horrísimo combate, para quemar los cadáveres, y luego volveremos a pelear hasta que una deidad nos separe y otorgue la victoria a quien le plazca.
Airada la deidad que se complace en tirar flechas, hizo aparecer un jabalí de albos dientes, que causó gran destrozo en el campo de Eneo, desarraigando altísimos árboles y echándolos por tierra cuando ya con la flor prometían el fruto.