deicidio

deicidio

s. m. RELIGIÓN Crimen de los que mataron a Jesucristo o contibuyeron de algún modo a su muerte.
Traducciones

deicidio

Gottesmord

deicidio

deicide

deicidio

deicidio

deicidio

deicídio
Ejemplos ?
Según Aharon Oppenheimer el concepto de exilio que comienza después de la destrucción del Segundo Templo judío proviene de los primeros cristianos, que vieron la destrucción del Templo como castigo por el deicidio judío, y por extensión la afirmación de los cristianos como nuevo pueblo escogido de Dios, o el "Nuevo Israel".
En un panorama bélico dominado por la figura del soldado a caballo protegido por una malla de cota de malla pesada, entonces fortalecido con placas de metal, y por un escudo cada vez más macizo y alargado, las armas de asta se encontraron con tener que satisfacer las necesidades de dos utilidades distinta: el caballero, decidido a utilizar su posición de ventaja tanto en el choque con el infante como contra otro caballero, y el infante deicidio a reducir la ventaja táctica que concedía al caballero su posición elevada y la mayor velocidad que ofrecía su montura.
Verdaguer, 1834. Conmemoración del Deicidio ó la Semana Santa en Jerusalén y Roma diez y nueve siglos después. Barcelona: Librería Católica de Pons y C.ª, 1860 Tratado de Declamación ó Arte Dramático (Barcelona: herederos de D.A.
Archivo:Zid Jezis.jpg La antisemita leyenda del Judío errante. Chronica Majora, 1240-1251. Archivo:German - Crucifixion - Walters 5352.jpg Deicidio. Crucifixión, Alemania, 1420-1440.
Como parte del Concilio Vaticano II, la Iglesia Católica Romana bajo el Papa Pablo VI emitió el documento Nostra Aetate, que refuta la acusación de deicidio de la que eran objeto los judíos.
El mito del deicidio fue invocado por vez primera por Melitón, obispo de Sardes, hacia el año 150: «Dios ha sido asesinado, el Rey de Israel fue muerto por una mano israelita.» Durante siglos, esto fue repetido, generación tras generación y, aunque nunca fue doctrina oficial de la Iglesia, estaba tan arraigado en los sermones cristianos que el Concilio Vaticano II, en 1965, tuvo que ocuparse de ello.
Otro mito relacionado con el libelo de sangre es el de la «profanación de la hostia», que consistía en acusar a los judíos de robar las hostias de la sacristía con el fin de «atormentarlas» y reeditar el sufrimiento de la pasión y el deicidio.
Gracias al concilio y a las tajantes intervenciones papales (tanto Juan XXIII como Juan Pablo II se opusieron activamente al tradicional antisemitismo), pero también a la pérdida de centralidad de las disputas religiosas en las sociedades occidentales, el mito del deicidio está en franca retirada.
La única diferencia entre la prensa católica y la falangista estriba en que "mientras revistas y diarios católicos en sus ataques a los judíos insisten en los motivos religiosos (deicidio, anticristianismo), los órganos del partido FET y de las JONS estaban mucho más influidos por la propaganda alemana, y en los diarios su antisemitismo era de una dureza muy superior, con el inevitable González Ruano a la cabeza.
En el primer discurso (1, 2-2, 1), Hageo exhorta a los judíos, remisos en reanudar la reconstrucción del Templo; En el segundo (2, 2-10) consuela a los que habían visto la gloria y magnificencia del Templo salomónico; En el tercero (2, 11-20), anuncia la bendición de Dios y la futura gloria del Templo; En el cuarto (2, 21-24), se dirige a Zorobabel prometiéndole recompensa divina y fortaleciéndole con la promesa del reino mesiánico futuro, "con lo cual se ve una vez más que esta restauración precaria de aquellas pocas tribus, que tanto había de sufrir aún en tiempos de los Macabeos, y caer luego en el deicidio y la total dispersión, no era sino figura de aquella otra que constituía la esperanza de Israel".
A continuación se citan algunas de las formas de antisemitismo más conocidas: El deicidio –el asesinato de Dios– es el mito antisemita más antiguo y el más importante, hasta la irrupción del actual mito sobre la dominación mundial.
Deicidio (del latín deicīda) es una expresión que hace referencia al acto de matar a un dios o una divinidad. Generalmente se ha empleado para referirse a los que dieron muerte a Jesús de Nazaret que, según el dogma cristiano de la Trinidad, es hombre y Dios simultáneamente.