deforme

(redireccionado de deformes)
También se encuentra en: Sinónimos.

deforme

(Del lat. deformis.)
adj. Que tiene o presenta una forma irregular o anormal la caricatura exagera su figura deforme y jorobada. desfigurado, informe
NOTA: También se escribe: disforme

deforme

 
adj. Desproporcionado o irregular en la forma.

deforme

(de'foɾme)
abreviación
que manifiesta falta de proporción en su forma El rostro del boxeador quedó deforme.
Sinónimos

deforme

adjetivo
1 desfigurado, amorfo, desproporcionado, informe, disforme, antinatural, contranatural, monstruoso, teratológico. armónico, proporcionado.
Disforme acentúa el aspecto feo, desproporcionado, monstruoso, de la anomalía. Compárese: tenía un pie deforme y tenía un pie disforme. Informe es lo que no tiene la forma normal.
2 macaco, feo, desagradable*, horroroso, repulsivo, espantoso.
Se aplica al físico de una persona, y se usa en muchos casos a modo de insulto: no me gusta, tiene una cara deforme.

deforme:

repugnantefeo, macaco, grotesco, repulsivo,
Traducciones

deforme

ADJ
1. (= de forma anormal) [espécimen, cuerpo] → deformed; [cabeza, sombra] → misshapen
2. (= feo) → ugly

deforme

adj deformed
Ejemplos ?
Ya allí, quedóse mirando el anchuroso semblante del otro, la nariz torcida arrancando de la frente tumultuosa, la oreja arrepollada, el pecho enorme contenido dentro de la ropa negra y sin lustre, su cadena de cobre cruzando de parte a parte el chaleco, el anillo de acero con una piedra violeta en su mano de dedos deformes y piel curtida.
A sus pies oficiaban, en presencia de los reyes, de hinojos sobre sus tumbas, los arzobispos de mármol que él había visto otras veces inmóviles sobre sus lechos mortuorios, mientras que, arrastrándose por las losas, trepando por los machones, acurrucados en los doseles, suspendidos en las bóvedas ululaba, como los gusanos de un inmenso cadáver, todo un mundo de reptiles y alimañas de granito, quiméricos, deformes, horrorosos.
En ese instante me fijé cómo, fantasmagóricos, los árboles se desprendían de la tierra y sus raíces se convertían en horribles patas, sus enormes ramas se volvían gigantescas y amenazantes manos muy rasposas y las tupidas hojas de sus copas se hacían descomunales y deformes cabezas.
Intenté escabullirme, pero por más que quise escapar, sin gran esfuerzo me tomó como a un polluelo con una de sus deformes manazas: —¡Has caído en mi poder, renacuajo insignificante!
De súbito rasgo el aire un penetrante zumbido al siguió de inmediato un relincho de dolor, y el mísero rocín dando saltos se puso a correr con la celeridad que sus deformes patas y débiles fuerzas le permitían, a través de los matorrales y depresiones del terreno.
A cada grito, a cada golpe se enrojecía, se achicaba, hubiera querido desaparecer debajo de la tierra tragado por aquel polvo en que se hundían fatigosos sus pies desnudos, anchos y deformes.
A uno y otro lado extendíase la estepa gris, sin rastros de habitación; torcidos chaparros remedaban figuras grotescas, enanos deformes o perros agachados para saltar y morder.
Brezos y arbustos impuros De la montaña en la falda, Vestirán su áspera espalda Con sus matices obscuros. Grupos de nubes perdidos Como fantasmas deformes, Traen en sus pliegues enormes Vientos de invierno escondidos.
De rato en rato atravesaba por los pasillos un vendedor que gritaba sus productos como para acabar lo antes posible con ellos y así, poco a poco, aumentar las ganancias; capitalista en ciernes. Y ofrecía la gelatina mosqueada, la paleta derritiéndose, las golosinas deformes.
Los niños recibían una educación militar; para mantenerse superiores sobre sus esclavos y vecinos, los griegos formaban soldados desde la cuna, sanos de cuerpo, pero mutilados de espíritu pues el intelecto griego, brillante en algunas facetas, permaneció oscuro en muchas, a pesar de las exageradas alabanzas que se hacen de la cultura ateniense; matando a los niños raquíticos y deformes, ejercitando a los otros en la lucha, en la carrera, en toda suerte de juegos corporales, hicieron buenos guerreros de cuerpos ágiles, de formas bellas y gallardas; pero con la disciplina detuvieron el desarrollo intelectual de la raza, que de otra manera habría alcanzado alturas y esplendores mayores.
Se manda–locamente acaso–a los niños hispanoamericanos, a colegios de fama de esta tierra, a que truequen la lengua que saben mal por la extraña que nunca aprenden bien; y a que, –en el conflicto de la civilización infantil, pero delicada que viene con ellos, –y la civilización viril, pero brusca, peculiar y extraña que aquí les espera, –salgan con la mente confusa y llena de recuerdos de lo que trajeron y reflejos imperfectos de lo nuevo que ven, inhábiles acaso ya para la vida espontánea, ardiente y exquisita de nuestros países, y todavía inhábiles para la rápida, arremolinada, arrebatada existencia de esta tierra. Los árboles de un clima no crecen en otro, sino raquíticos, descoloridos, deformes y enfermos.
¡Esa tarea de recorte, esa mutilación de nuestros hijos, ese trueque de plectro del poeta por el bisturí del disector! Así quedan los versos pulidos: deformes y muertos.