decretal

decretal

(Del lat. decretalis [epistola], carta que contiene un decreto.)
1. s. f. RELIGIÓN Epístola en la que el papa contesta a una consulta particular que sirve de regla para todos los casos semejantes.
2. s. f. pl. RELIGIÓN Libro en que están recogidas las epístolas pontificias.

decretal

 
f. Carta, dirigida por el Papa a las iglesias particulares, en que se dictaban normas de derecho canónico.
Ejemplos ?
El papa Honorio III prohibió por una decretal que se sirviesen en adelante de este medio para la eleccion de los obispos, que era bastante comun.
Bonifacio VIII envió la bula Clericis laicos a estos legados para que la publicaran en Inglaterra y en Francia, aun cuando el decretal era dirigido a todas las autoridades políticas de la cristiandad.
El nuevo Papa Bonifacio VIII, elegido el día de Nochebuena de 1294, se propuso hacer valer su plenitudo potestatis sobre los reyes y en 1296 promulgó la epístola decretal o bula Clericis laicos en la que prohibía a los soberanos cualquier exacción fiscal sobre el clero sin autorización pontificia, bajo pena de excomunión.
Este último documento contenía una renuncia formal a las pretensiones emitidas en la epístola decretal Clericis laicos, en defensa de los bienes eclesiásticos contra la arbitrariedad de los reyes.
Su cuerpo fue sepultado en la iglesia de Sant'Agostino de Roma; según lo había dispuesto en su testamente, su corazón fue trasladado dos meses después a la catedral de Ruan, gracias a una dispensa especial de Sixto IV que eludía la decretal Detestande feritatis promulgada por Bonifacio VIII en 1299 prohibiendo este tipo de actos.
El Papa San Dámaso I (366-384) dio el apelativo de "Sede Apostólica" a la Iglesia romana, y su sucesor Siricio (384-389) promulgará la primera decretal dirigida al obispo Himerio de Tarragona (2 de febrero de 385) usando un lenguaje no únicamente pastoral sino de orden legislativo al estilo de los edictos imperiales.
Tradicionalmente se considera como la más antigua la decretal dirigida por el papa Siricio a Eumerio, metropolita de Tarragona, el año 384, aunque en realidad se conserva otra anterior del papa Julio I (337-352).
La decretal no se hizo pública y solo comenzó a ser conocida cuando el Santo Oficio censuró algunos libros por aquel motivo. Al llegar la noticia a Sevilla, el cabildo respondió colgando un cuadro de la Inmaculada Concepción de Murillo con la inscripción «Concebida sin pecado» y la propia ciudad se dirigió a las Cortes de Castilla en 1649 reclamando la intervención del rey.
Nada cambió durante el pontificado de Inocencio X, pero al ser elevado al solio pontificio Alejandro VII en 1655 Felipe IV redobló los esfuerzos para obtener la anulación de la decretal y una aprobación de la fiesta de la Inmaculada Concepción como se había venido celebrando en España.
Poco antes de morir el papa Urbano VIII, en 1644, una decretal de la Congregación romana del Santo Oficio, en manos de los dominicos, prohibió atribuir el término inmaculada a la concepción de María en lugar de predicarlo directamente de la Virgen, del modo como sus partidarios habían pasado de concepción de la Virgen Inmaculada a Inmaculada Concepción de la Virgen.
Esta disposición no fue del agrado de algunos prelados, que hacia el año 404 comisionaron al obispo Hilario y al presbítero Elpidio para apelar al papa Inocencio I, quien confirmó la decisión conciliar con un llamamiento a la unidad en su decretal Saepe me et nimia.
Una decretal del papa Clemente V, mencionada en el ordenamiento de las Cortes de Palencia de 1313, amenazó con la excomunión a los cristianos que practicasen la usura, y por ello, muchos cristianos se negaron a pagar las deudas que tenían contraídas con los prestamistas judíos.